MARRUECOS EN BMW R1250GS 3ª


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El viajero europeo que cruza el Estrecho se ve sorprendido por un cambio tan radical de escenario en tan poco espacio de tiempo y distancia. Se duerme en Europa y despierta en África y es como si no hubiera terminado de despertar y siguiera viviendo un raro sueño donde los colores, los olores y los sabores son más intensos. Gentes, ruidos, estímulos, algarabía…. El paso de la frontera ya le anticipa el aparente caos del nuevo planeta en el que penetra. Colas interminables, esperas sin sentido, funcionarios que vienen y van, uniformes extraños, civiles sin función definida que se ofrecen a facilitar el trámite. El viajero neófito solo ve desorden, pero es porque todavía no comprende las normas del universo en el que pretende entrar. Todo tiene un por qué, una liturgia, una sutil lógica interna pero para él solo hay confusión ya que no conoce el idioma ni las jerarquías sociales marroquíes. Teme quedarse para siempre atrapado en tierra de nadie. Tranquilo, al final pasará, pero el tiempo que invierta dependerá de su habilidad, de la hora a la que haya llegado y, cómo no, de la voluntad de Dios, de Alá, o para los ateos de la más cojonuda e inesperada suerte. 

 

Que fue la que yo tuve. Desperté a las 06:00 am en el camarote del barco de Balearia. Había dormido bien después de cenar y no me costó levantarme porque ya tenía metido en el cuerpo el nerviosismo de los viajes. En cuanto me pongo en marcha, mi cuerpo y mente se ponen en estado de alerta y necesito dormir apenas cinco horas para estar operativo. Me asomé por el ojo de buey, en la noche se veían las luces del puerto de Melilla. Habíamos atracado sin enterarnos. Fui a la bodega con el macuto, arranqué la moto y salí rápidamente. No hubo largas e inexplicables esperas como otras veces al intentar desembarcar en un puerto marroquí. Una de las cosas a las que ya me iba acostumbrando es a la comodidad del arranque de la BMW 1250 GS. No hay que meter la llave, basta con  tenerla en el bolsillo, el sistema la reconoce y solo hay que apretar un botón. Esto se revela muy práctico porque hay menos riesgo de perderla. El traje rally tiene un pequeño bolsillo con cremallera, la metí ahí, cerré y no volví a preocuparme en todo el viaje. 

 

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Al bajar del Ferry a una hora intempestiva para un día de fiesta, pues era Reyes, me encontré con Juan y Cayetano. Me habían escrito por Facebook y les había dicho en qué barco llegaba. Ya eran ganas de estar allí pasando frío a las 6 de la mañana. Querían libro y saludarme. También me había escrito Antia, que llevaba poco en la ciudad. La había conocido unos 5 años antes cuando me crucé con una moto por Galicia y era ella y su novio Martín. Quería 2 libros. Pero como el barco llegó antes de lo previsto no estaba. Fuimos a desayunar y le mandé un mensaje: a las 8 estaré en la frontera. Cuando llego encontré el típico follón. En la zona española se me acerca un policía y me pregunta si soy silvestre. Sí, contesto, y me dice que hay una chica preguntando por mi y que les ha pedido que si ven un tío en moto, que le digan que está en la zona internacional. Y allí estaba ella, para comprarme 2 libros dedicados. Aluciné con la situación y más aún cuando rodeados de buscavidas y policías marroquíes saqué los libros y se los dediqué. Se fue toda contenta. 

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No acabó ahí la cosa, porque cuando estaba haciendo la interminable cola para la aduana llegó un tipo en una Bandit saludando a los gendarmes como Pedro por su casa. Entonces me vio y con reconocible acento gallego exclamó: “¡Anda, el Silvestre! ¿Qué haces tú aquí?”. Me contó que había leído Un millón de piedras y visto cientos de vídeos míos, pero que no usaba Facebook y no se había enterado de que venía. “Me llamo Dani. Yo trabajo en el consulado español de Nador desde hace años y paso por esta frontera cada día. Los conozco a todos”, dijo refiriéndose a los aduaneros marroquíes. Hizo un gesto, vino el jefe y casi le ordenó “Mi amigo pasa ya”. Y en 10 minutos estábamos dentro. Fuimos a desayunar a Nador, antigua ciudad del protectorado hispano, donde delante de un té y una tostada “catalana” (así llaman al pan tostado con tomate que tantos españoles pedimos) nos contó algo de su aventurera vida como funcionario en sedes diplomáticas españolas de África y nos despedimos con un abrazo y muy contentos de haberle encontrado por esas casualidades en las que yo no creo desde hace años. 

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Descendiendo hacia el sur pasamos por Monte Arruit, donde tuvo lugar el desastre de las tropas españolas en la guerra del Rif, allí mataron a 3000 soldados desarmados a sangre fría. No me detuve porque esa historia, con visita al antiguo cuartel y aguada ya lo hice cuando rodé la temporada Destino Dakar de Diario de un Nómada. Sin embargo, el paso no fue fácil porque era día de mercado y el centro estaba colapsado de puestos, gentes y vehículos. Era complicado avanzar, pero ese es el universo en el que me gusta moverme: caótico, abigarrado, impredecible, bizarro e intenso. Como tenía prisa me limité a grabarlo con la cámara subjetiva del casco. Ya tendría tiempo de filmar en otros mercados más adelante. 

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Unos cuantos kilómetros más al sur tomamos la N15, conocida como La Interminable. Dicen que estuvo en mal estado y que era tan estrecha que no pasaban dos vehículos al mismo tiempo, pero actualmente es una carretera bien asfaltada, con poco tráfico y que penetra recta en dirección sur. El paisaje cambia rápidamente del verde del norte marroquí a los ocres y pardos del preludio del desierto. Todavía no es el Sahara pero estamos cerca de la frontera argelina y el horizonte es reseco y desolado. La verdad es que a mí me gusta bastante hacer esta Interminable con vistas a poblados de pastores, ancianos con borricos, cabras y poca gente. No es un recorrido muy ameno porque son 400 kilómetros prácticamente iguales a sí mismos y ya llevas otros 600 de autopista desde Madrid a Almería, pero permite avanzar rápido sobre una maxi trail como la R1250 GS y en apenas 24 horas te plantas desde la granadina Sierra Nevada hasta Midelt, en las estribaciones septentrionales del Atlas. Porque cuando el día anterior estaba pasando por la provincia de Granada fue a la misma hora del atardecer que el día siguiente entraba por la puerta del hotel Kasbah. Este impresionante salto de 1000 kms y dos cordilleras en un día completo es lo que permite una moto tan cómoda y potente como la 1250. Y a partir de ese momento, empezaba lo verdaderamente divertido con una semana completa para disfrutarlo. 

Continuará. 

Categorías: Uncategorized | 3 comentarios

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3 pensamientos en “MARRUECOS EN BMW R1250GS 3ª

  1. Ricardo Rocco

    Un capo del Motocilismo literario

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  2. Ignacio Bonilla Sánchez

    “El nerviosismo de los viajes”, difícil de explicar, pero tan real como la pasión que nos lleva a montar en moto. Cuando era niño, acompañaba a mi padre en aquellas inolvidables jornadas de caza menor, “madrugones” abominables para un crío que apenas si llegaba a “pegar ojo”, pero era ese “nerviosismo” que no necesita de sueño. Ahora, ya cercano a los 60 (si, ya hace dos lustros que le “dí la vuelta al jamón” jajajaja) rememoro aquel estado cuando me acuesto pensando en el viaje que me espera con mi moto, con poco sueño y nervioso, arranco mi “zorrón” y puedo entender perfectamente lo que tu sientes en tus incomparables viajes.

    Un abrazo.

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  3. Paco

    Deseando la siguiente entrega!

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