Historia de mis motos. Harley Davidson Night Rod


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En el año 2008 yo tenía una Harley Davidson Night Rod Special. Por aquel entonces llevaba una vida acomodada pero un poco estresante. Había aprobado las oposiciones a registrador de la propiedad, salía con una novia abogado, muy ocupada siempre, ejercía mi profesión en el mundo del Derecho, editaba la revista de mi colegio profesional y escribía artículos jurídicos para varios periódicos. Y eso era todo. O sea, no era casi nada. Mi vocación de escritor underground había quedado sepultada bajo el oropel tras haber publicado 3 novelas y un libro de relatos mientras aun era un pobre opositor.

Aquella moto cambió mi vida de un modo inesperado. La Night Rod no es una Harley tradicional. Para los puristas no es una verdadera Harley porque su motor fue mejorado por Porsche. Vibra mucho menos, da mucha más potencia, no hace el ruido característico y como consecuencia va mejor. Me gustaba aquella moto y supe sacarle buenas prestaciones en las carreteras de montaña. Sin embargo, tenía un problema serio. Su enorme peso y su alargada geometría. En caso de frenada de urgencia, la horquilla no llegaba a comprimir del todo, la rueda delantera se bloqueaba y te ibas al suelo. Luego mejoraron ese defecto con ABS, pero entonces no lo tenía disponible.

Tuve un accidente con aquella Harley. Un taxista cambió bruscamente de dirección. Frené en seco. La rueda delantera se bloqueó y la máquina se vino al suelo. El traje a medida no me protegió del golpe. Mi codo izquierdo saltó hecho añicos. Fractura de la cabeza del radio. Adiós a la articulación. Aún hoy me recuerda con sus chasquidos que esa articulación jamás volverá a ser la misma.

No me había recuperado cuando ya me había comprado otra moto con lo que me dieron por la Harley. Una BMW K 1200 R. La compré de esa marca solo porque sabía que habían sido los primeros en instalar ABS y no quería que me volviese a pasar lo mismo que con la Harley. Pero algo más cambió con aquella fractura del codo.

El accidente me obligo a parar mi rápida carrera a ninguna parte. Recuerdo con nitidez como un día estaba tumbado en la gélida camilla del fisioterapeuta. Aquel tipo me estaba destrozando el codo sin piedad. Yo intentaba abstraerme del dolor mirando fijamente mi deformado reflejo en la lámpara metálica. De pronto, ante aquel esperpéntico retrato de rostro convexo y ojos saltones, me di cuenta de que no me gustaba en lo que me había convertido. Yo antes era escritor y ahora no era nada. Es cierto que como novelista no tenía apenas lectores, pero sí un prestigio subterráneo incuestionable. Nadie me negaba el talento, sino las ventas. Los libros de Miquel Silvestre siempre recibían buenas críticas pero casi nadie los compraba. Por eso me había hecho registrador, para escribir lo que me diera la gana sin preocuparme de si vendía o no, pero resulta que ahora que no tenía problemas económicos, no escribía más que paja leguleya y aburrida que no me interesaba en absoluto.

El precio en independencia personal que había pagado era alto y encima ahora ya ni siquiera podía montar en moto, último reducto de libertad que aún me quedaba. Tenía un par de compañeros registradores metidos en política. Uno era entonces Jefe de la Oposición y la otra Ministra del Gobierno. Luego aquel llegaría a ser presidente del país. Quizá a ellos les compensase la existencia de rata corredora, el no tener vida exclusivamente propia y el andar siempre preocupados del qué dirán. Pero a mí no. Así que pensé: “Al carajo con todo”.

Al día siguiente solicité la excedencia como registrador de la propiedad en el Ministerio de Justicia para escribir una novela. No tenía ni cargas familiares ni excesivas deudas y puedo ser bastante frugal. Prefería pasar alguna estrechez y ser libre. Calculé que con lo que había ahorrado durante mis cinco años de ejercicio sin haberme casado ni metido en deudas, podría malvivir viviendo durante el año y medio que tendría que estar sin trabajar. Mi propósito era simple: irme en moto a Irlanda a estudiar inglés y a encerrarme delante de un ordenador con mi taza de te por las tardes y mis pintas de guinness por las noches para imaginar un enrevesado argumento literario. Yo buscaba una ficción que me reconciliase con la Literatura.

Fui en moto a Irlanda pero nunca escribí esa novela. Encontré algo mucho mejor y más vivo. La historia olvidada de nuestros antepasados. En la coste oeste de Irlanda encontré la trágica epopeya de los náufragos de la Armada Invencible, esos 8.000 españoles que murieron allí sin que nadie los recordase en nuestros colegios, sin que a nadie en España le importasen. Seguí la pista del capitán Francisco de Cuéllar y escribí un reportaje que se publicó inmediatamente en ABC. Creo que fui el primer autor que se acordó en España de Francisco de Cuéllar desde 1884, cuando Cesáreo Fernandez Duro descubrió su carta en un archivo. Luego de ahí saldría mi libro La fuga del náufrago, uno de los mejores que he escrito. Descubrí con la historia olvidada de esos desdichados náufragos que había un camino que seguir en moto para escribir la literatura que yo quería. Este camino inesperado me ha mantenido diez años viajando. Y todo comenzó con aquella maldita Harley de absurda geometría.

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Categorías: Historia de las motos de Miquel Silvestre, pruebas de motos, Uncategorized | 8 comentarios

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8 pensamientos en “Historia de mis motos. Harley Davidson Night Rod

  1. Gracias por compartir estas historias Miquel, las que por cierto van mucho más allá de la casuística de los fieros y HP. Para quienes como tú, compartimos la pasión del equilibrio junto al vicio de la literatura, leerte es un regalo.
    Un abrazo y ya compartiremos alguna otra buena comida nocturna y más de alguna buena ruta acá en Chile o tal vez en España.

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  2. Nicolás

    ¡Qué buen relato!

    Sólo el valiente y el aventurero es capaz de salir de la zona de confort. Yo, que aún estoy a tiempo, siempre pienso en qué voy a hacer el día que me de cuenta que estoy en la situación en la que estabas tú.

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  3. entiendo que el video de la fuga del naufrago fué posterior a ese primer viaje

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  4. Anónimo

    Me encuentro en fase de recuperación y rehabilitación…peor aun, en espera para empezar la rehabilitación. solo veo videos y leo cosas. Esta es de lo mas inspiradora, aunque ya conocía de tus andanzas por programas de tv y demás nunca habia leido como comenzó todo. Me ha hecho reflexionar también con mi propia existencia. No cambies Miguel.

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