100 países en moto. Nº90 Turquía


 

arriving turkey

Turquía es el país que más ha gustado de todos los que he recorrido. Ha habido paisajes en otras latitudes que me han impresionado muchísimo, como los de Alaska o el norte de Canadá, como la Patagonia o las estepas asiáticas, pero su belleza o era demasiado salvaje y agreste como para habitarlos de modo permanente o su clima era excesivamente extremo en invierno y toda su mágica hermosura primaveral se tornaría infierno inhabitable. Sin embargo, Turquía es un país siempre amable, confortable, acogedor y para mí el candidato perfecto a ser definitiva residencia si no existiera el mejor país del mundo para vivir que yo conozca: España.

Turquía es una nación grande, diversa, de variados escenarios, riquísima historia, extraordinario sabor oriental y prodigiosos progresos económicos y sociales. Sus habitantes son honrados, educados y amables. Mantienen vivos valores morales sólidos y se comportan rectamente en su inmensa mayoría. Mantienen sin embargo conflictos políticos importantes con los kurdos y también con el islamismo yihadista de sus vecinos Irak y Siria. Deseo que mantengan la estabilidad, la democracia y el laicismo de su república, fundada a principios del siglo XX por Mustafa Kemal Attaturk, cuyo retrato sigue adornando casi todos los lugares públicos y privados de Turquía.

He estado en muchas ocasiones en Turquía. Las más de las veces he usado la vía Egnatia desde Grecia, y que se considera heredera de la calzada romana que llevaba desde Durres (Albania) hasta Bizancio, luego bautizada Constantinopla, y tras la toma otomana en 1453, Estambul. Esa fue la ruta que tomé en las dos últimas visitas para escribir mi libro Nómada en Samarkanda y poco después para la serie de televisión y el libro homónimo Operación Ararat.

moto cartel egnatia

La vía Egnatia es una autopista bastante larga y aburrida, pero tengo prisa por llegar a Turquía, así que en dos días sin parar de conducir llego hasta la frontera después de haber dormido en Alexandropoulis. El paisaje es llano, agrícola y aburrido. Los países están separados por un río. Es el Maritsa que los turcos llaman Meriç. Nace en Bulgaria y muere en el Egeo después de 480 kilómetros de vida fronteriza. Hay que atravesarlo sobre un largo puente custodiado por unas garitas y las banderas rojas de la media luna y llegamos a las instalaciones aduaneras. Cuando llego a ellas compruebo que los turcos han organizado un estado a medio camino entre lo caótico y lo eficiente. Comparado con Europa, de la que están cerca geográficamente, son desorganizados. Comparados con Oriente, del que están próximos culturalmente, son alemanes. Este país es único en el mundo y a mi particularmente me encanta. Siempre me he sentido cómodo aquí porque he aprendido a relacionarme con una gente muy amable, honrada aunque imprevisible y orgullosa. No se bromea con un país de ochenta millones de personas que fue un imperio poderosísimo y que crece económicamente a un ritmo vertiginoso.

llegada estambul

La frontera turca no es de las más complicadas pero aquí no basta con enseñar el pasaporte y listo. Es un poco más laborioso, ya que se exige una declaración detallada para el permiso de importación del vehículo. Lo primero encuentro una larga cola de coches. Aparco a Victoria y me dirijo caminando hasta la ventanilla donde venden los visados. Los despachan a 15 euros o a 20 dólares. Compro el mío. El funcionario lo pone en mi pasaporte y cuando voy a la ventanilla del policía descubro que a los franceses no se les exige visado. ¿Por qué este trato tan diferente para dos países que forman parte de la UE y del espacio Schengen? Tal vez sea por un acuerdo de reciprocidad si Francia no exige visado a los turcos, aunque si tal cosa fuera cierta (algo que en estos momentos no sé) no habría diferencia a efectos prácticos, pues el turco que aterrizará en París sin visado podría moverse libremente por el espacio Schengen, y por tanto por España. No es por el gasto ni la molestia o la demora, sin embargo, me molesta que a los españoles nos exijan algo que no necesitan los franceses. Estas cosas hacen que sienta que pertenezco a un país de segunda división en la esfera internacional. Me duele particularmente cuando lo comparo con la presencia que España y sus distintos pueblos y gentes tuvieron a lo largo de la Historia.

indirim patio mezquita

Estambul es donde siempre se vuelve. La ciudad del regreso. He venido en tres ocasiones y cada vez lo he hecho por un camino diferente. Penetrar de nuevo en sus calles de atascos inauditos supone para mí un regreso al pasado. Este viaje no es solo una aventura promocional para que mis vídeos salgan en televisión o consiga más seguidores en las redes sociales. Este viaje es un reencuentro en realidad. Un reencuentro conmigo mismo. Con el nómada temeroso e inexperto que yo era cuando aparecí en Estambul desde el salvaje y terrible Este que tanto me enseñó del mundo en que vivimos y de mí mismo.

En el año 2009, tras atravesar Ucrania y Rusia, de sufrir lo indecible en la desolación de Kazajistán, después de recorrer la Ruta de la Seda y admirarme ante las mezquitas de Samarcanda y beber arena en el reseco Mar de Aral, tras cruzar el Caspio en un asqueroso paquebote que me depositó agotado en Bakú, y después de recorrer Georgia con las tropas rusas a solo pocos kilómetros de mi recorrido, ingresé en Turquía y de pronto me pareció haber regresado a Occidente.

victoria mezquita azul 2

Un día de julio de aquel lejano 2009, hace pues casi cuatro años, crucé el puente del Bósforo y me planté de nuevo en Europa; en la Europa mestiza, contradictoria, viva, excesiva, ruidosa y atractiva de Estambul. Quedé admirado por el enjambre de estímulos, por el skyline de relucientes rascacielos mezclados con cúpulas y minaretes de mezquitas, por sus inmensos puentes metálicos que cruzan de Asia e Europa, por la espesa madeja de gentes, regateos, vasos de té, dulces y kebabs. Inmediatamente me supe en casa y me enamoré.

Fue precisamente durante ese viaje cuando decidí abandonar el registro de la propiedad para intentar ser viajero profesional. Para ser fiel a la descripción que merece, estoy transcribiendo mi diario de aquellos días. Lo que será el próximo libro que publicaré en septiembre: La emoción del nómada. En él cuento mi viaje desde Europa a Asia Central y luego a Tierra Santa como peregrino.

Para mí lo mejor de Turquía comienza más allá de Estambul, que sin embargo, suele ser destino final de muchos viajes en moto que tienen en la ciudad del Bósforo su punto de llegada y comienzo de retorno. Si te interesa conocer más del país a través de mis textos, no dudes en pedirme cualquiera de mis libros que tratan de esa gran nación. Te lo enviaré dedicado a través de info@miquelsilvestre.com

Operacion Ararat OK.indd

Anuncios
Categorías: 100 Países en Moto, Uncategorized | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: