100 países en moto. Nº82 Sudán


 

atardecer

 

Sudán es un gran desconocido. Hasta hace poco, el país más grande de África con dos millones y medio de kilómetros cuadrados y más de 40 millones de habitantes. La reciente secesión de Sudán del Sur ha reducido estas cifras pero no la sensación de cruzar una frontera definitiva que embargará al viajero una vez desembarcado del paquebote que une semanalmente la ciudad egipcia de Asuán con Wadi Halfa.

Pero antes hay que embarcar. El gentío trata de hacerse un hueco en cubierta o en los salones. La puerta de acceso es pequeña. Son cientos los que quieren entrar a la vez con toda su impedimenta. Viejos, niños, mujeres, jóvenes, maletas, cajas, bolsas, alfombras, bicicletas. Gritos, sudores, empujones, maldiciones… Dos letrinas para 700 personas y 20 horas de navegación por delante. Resulta tan surrealista como terrible. Pero esto es África y no una postal.

barco asuán

He descubierto el secreto mejor guardado del barco. Se puede salir a proa por una puerta al final de un pasillo. Por la noche subo a la cubierta del puente de mando. La navegación es calma y sobre nosotros se dibuja la más nítida Vía Láctea. Es asombrosa esta pureza. Mirar el cielo africano me proporciona una razón para estar haciendo lo que hago. Ante tamaña inmensidad se difumina todo lo demás y hasta el agua que anega los inmundos retretes me parece que no es más que un poco de Nilo fuera de su sitio.

vendedor gasolina

La moto viaja en un lanchón cuyo motor se ha averiado. Tenemos que esperar indefinidamente en Wadi Halfa, un moridero donde no hay nada que hacer salvo beber té. Este villorrio no revive hasta el anochecer. Entonces una animada multitud surge de no se sabe donde y se sienta en sillas de plástico para ver la televisión. Cenamos lo que haya: pollo o cordero y ni una maldita cerveza. En Sudán impera la ley seca islámica.

niñas al cole

Atrevida, mi BMW, llega después de cinco días de ansiedad. El desierto nos acoge. Por fin el camino. El horizonte es infinito, glauco, abrasador. El calor supera los cuarenta grados. El asfalto reverbera. Apenas nos cruzamos algunos peatones. La gente de este secarral parece consumida en su propia oscuridad. Delgados y fibrosos, se disuelven en el blanco de sus chilabas. Da la impresión de que si resisten un poco más al sol se harán cenizas y solo quedara de ellos sus largas y níveas vestiduras.

La ruta va paralela al Nilo. Aquí sí que es milagroso este gran río. Una brecha verde en el páramo inmenso. Las palmeras brotan alegres a todo lo largo y los sudaneses se apiñan en esta poca tierra fértil construyendo sencillas viviendas de adobe. El espectáculo es de una gran belleza. Es primitivo, pobre, terrible, pero real. Tan real como hace miles de años, cuando este territorio fue el solar del legendario reino de Nubia citado en la Biblia como Kush.

carretera desieto detalle

Situado entre la primera y la sexta catarata del Nilo, su relación con Egipto fue siempre estrecha y no pocas veces también conflictiva. Los faraones conquistaron Nubia en diversos momentos de la Historia, aunque los nubios se vengaron conquistando Egipto bajo su 25º dinastía. Hubo varios faraones nubios y tropas de élite nubias al servicio de los egipcios. Para mediados del Reino Nuevo es difícil distinguir una cultura de la otra, ya indisolublemente mezcladas.

Nubia era la principal fuente de oro de Egipto. Aún hoy se sigue buscando ese tesoro en minas a cielo abierto. Las encontramos a ambos lados de la carretera. Un enorme campamento de plástico acoge una multitud de mineros que chapotean en charcos. Nos miran asombrados. No saben quienes somos ni qué hacemos. Por aquí no pasan turistas, solo las astrosas pick ups que los acarrean de un lado a otro de esta olvidada villa miseria.

con jóvenes amigos

Nubia desapareció en el 350 de nuestra era al ser invadido por un rey etíope. Surgieron tres pequeños reinos. Al norte, Nobatia, entre la primera y segunda catarata; al sur de la sexta, Alodia; en el medio, Makuria, con capital en Dongola, que a partir del siglo VII fue poder dominante en la región con fuerza suficiente para resistir al invasor árabe que conquistó Egipto. Tras la firma de un tratado, Makuria unida a Nobatia, mantuvo su independencia y religión cristiana hasta el siglo XIV. La islamización fue sin embargo imparable. Primero mediante los comerciantes y luego mediante los guerreros. Los mamelucos de Egipto invadieron la región y el misterioso reino de Makuria desapareció tragado por la Historia y la arena sin apenas dejar más rastro que las despanzurradas ruinas de una iglesia de adobe.

mineros en charco detalle

La arena se lo traga todo en cuanto sales de la carretera. Quiero visitar la vieja Dongola y es como sumergirte en un océano de cuarzo molido. Cuando conseguimos llegar a una aldea, aparece la policía. Tenemos que ir al cuartelillo a explicar quienes somos y qué queremos. El oficial que nos atiende enseña sus dedos desnudos debajo de la mesa. Informa de que si quiero visitar las ruinas debo pagar cincuenta libras.

moto yendo old dongola

La senda a la ciudadela se empina. Es una montaña de material deleznable que atrapará la pesada BMW, pero aun así acelero. Me detendrá el polvo, no la falta de voluntad. Cuando las ruedas encallan, descabalgo y prosigo a pie. Llego a la cúspide donde se erige un viejo fuerte medieval. A lo lejos, el desierto inacabable, ocre, terrible y eterno. Al otro lado, el cauce fluvial lleno de vida. Bajo mis pies, la Historia de Makuria. Lo he conseguido. Una meta más. He sufrido remontando el Nilo y tragando polvo para acabar dominando otro montón de nada que quizá solo a mí me importe.

miquel palmeral inclinado

Los faraones nubios fueron desplazando sus capitales al sur a medida que fuerzas invasoras provenían del norte. En el 800 AC, presionado por los asirios, el Reino de Kush se trasladó a Meroe, a tan solo 230 kilómetros de la actual Jartum. Allí se fortificaro. Estrabón menciona la victoria en combate de los arqueros nubios de Meroe sobre los legionarios romanos. Aunque mantuvieron muchas costumbres heredadas de Egipto, desarrollaron especificidades propias como un alfabeto escrito que supuso el abandono de los primitivos jeroglíficos. Hoy se pueden visitar sus afiladas pirámides, que aunque quizá no puedan competir en magnificencia con las egipcias, sin duda les superan en soledad. Aquí no hay nadie más que nosotros y el polvo omnipresente.

miquel piramides meroe

Jartum es una urbe de cinco millones de habitantes fundada sobre la confluencia del Nilo Blanco que nace en Uganda y el Nilo Azul que lo hace en Etiopía, cuyas fuentes fueron descubiertas en el siglo XVII por nuestro explorador olvidado Pedro Páez. Nos recibe el populoso barrio de Ondurman. Aquí viven los pobres y aquí está enterrado Mohammed Ahmed, quien se autoproclamó Mahdi. Sus seguidores derrotaron a las tropas del gobernador inglés Gordon en una de las más infamantes derrotas que jamás haya sufrido el Ejército de su Majestad. Los revolucionarios mahdistas gobernaron Sudan hasta 1898, año en que Lord Kitchener les zurró la badana y convirtió Sudán en una colonia británica.

Jartum no nos ofrece mucho. Es solo una encrucijada, un lugar de paso en nuestra ruta, pero aquí debo proveerme del visado etíope para llegar al Lago Tana, de modo que paso un par de días en el camping National Camp Resort. El precio es barato: 5 libras por persona. El único problema es encontrar un hueco decente para acampar que esté el mayor tiempo posible a la sombra, algo realmente difícil en Sudán.

símbolo nuevo jartum

Cuando por fin tengo erigido el campamento en el jardincito más verde de todos, se acerca uno de los tipos que haraganeaba en la oficina cuando llegué. Dice que no puedo acampar aquí, que estoy enfrente de la mezquita, que los viajeros blancos se quedan más allá, al final del todo, donde el furioso sol hace justicia con todos sus pecados occidentales. Sospecho que algún integrista ha ido a quejarse a la administración al ver mi tinglado. Me niego a moverme. Decido usar la misma táctica que utilizan ellos para resolver cualquier problema u objeción.

—Ok—digo sonriendo—. Tomorrow.

O sea, mañana.

—Tomorrow in the morning?—pregunta el censor.

Asiento dándole una palmada en el hombro. Mañana por la mañana nos moveremos, prometo. Y si mañana no lo he hecho, no te preocupes, que entonces te diré otra vez que me iré mañana. En África siempre hay un mañana al que recurrir.

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Categorías: 100 Países en Moto, Uncategorized | 1 comentario

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Un pensamiento en “100 países en moto. Nº82 Sudán

  1. En la nada también puede haber historias que contar. Fantástico.

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