100 países en moto por orden alfabético. Nº70 Filipinas (Philippines)


 

web to manila

Las islas Filipinas son un archipiélago del sudeste asiático que conocí durante mi vuelta al mundo Ruta Exploradores Olvidados, travesía que precisamente tenía como objetivo alcanzar Manila para rendir homenaje a los descubridores y fundadores de este remoto lugar. Si lo lograba me convertiría en el primer español que llegase en moto a Filipinas. En moto o en cualquier vehículo terrestre. Nunca antes lo había intentado nadie y haberlo conseguido es para mí un pequeño honor, el de haber puesto mi granito de arena en los anales de la exploración, pues creo que explorador es aquel que abre una ruta inédita y la documenta, como yo hice durante mi viaje a Filipinas. El siguiente texto formará parte del libro que algún día escribiré sobre aquella vuelta al mundo que para mí fue tan extraordinaria.

1861, 1981, 1961, 1981. El calor es asfixiante. Hace apenas una hora que ha amanecido y parece que sea mediodía. Mis poros se han abierto nada más salir del climatizado ambiente artificial del hotel. En cuanto empiezo a trotar sobre los restos de la muralla me veo anegado por el sudor. El ejercicio físico va lanzándome a la vida, al despertar, a mí ser en el mundo.

miquel bajo cartel bienvenido zamboanga

Es ahora mismo, bajo este horrible calor tropical, cuando por fin me doy cuenta de que es mi primer día en Manila y que estoy corriendo sobre la fortificación de la vieja ciudad. De las murallas hacia dentro, es Intramuros, donde está la Catedral o la iglesia de los Agustinos. Veo lo que piso. Los adoquines de la muralla llevan unos números escritos. 1861, 1981. La primera fecha me cuadra. Deben ser adoquines españoles pues la colonia se perdió en 1898.

manila sunrise

Poro la segunda me sorprende. ¿Por qué esta fecha del siglo XX? No lo entiendo. Sigo corriendo. Observo los inútiles cañones asomados a las almenas, los rascacielos de Makati City, la torre del reloj del ayuntamiento, la muchachada que va apareciendo para asistir a clase en la Universidad, el anómalo campo de golf a la vera de las murallas. Contemplo este paisaje por primera vez. Recuerdo mi viaje hasta aquí y de vez en cuando miro hacia el suelo y veo como mis pies pisan ora un 1981, ora un 1861.

moto puente san juanico

Arribé a la isla de Leyte después de abandonar Luzón y rendir homenaje a Magallanes en el lugar donde lo mataron. Cuando alcancé las islas que él llamó de El Poniente, lo peor de su travesía estaba hecho. De 5 navíos y más de 250 hombres que salieron en 1517 de Sanlucar de Barrameda regresaron solo 18 enfermos a bordo de un maltrecho cascarón. Muerto el héroe, Elcano logró concluir el viaje. Lo sabemos gracias al cronista a bordo: el veneciano Pigafetta, que nunca enfermó y siempre apuntó cada detalle. A él le debemos también la primera constancia notarial de que se puede robar un día al tiempo. Llegados el 9 de julio a Cabo Verde, ya en la costa occidental de África preguntaron a los portugueses qué día era. “Jueves”, respondieron, para gran sorpresa de Pigafetta, cuyo puntilloso diario señalaba miércoles.

miquel monumento legazpi

Me fijo de nuevo en los adoquines. 1861, 1861. La ordenación de las fechas es absurda, por más que le busco un orden no lo encuentro. De algún modo es como cuando un mosca se azota contra una ventana intentando encontrar la salida. Eso fue lo que le pasó al malagueño Ruy López de Villalobos. La división del mundo entre españoles y portugueses tras el Tratado de Tordesillas partía de una concepción plana del mundo, pero el viaje de Magallanes demostró que no era así. Las Islas del Poniente eran un enclave estratégico que Carlos V ambicionaba para poder comerciar con las Indias sin pasar por territorio lusitano. En 1542 zarpó de La Nueva España una flota de 4 navíos y 400 hombres con el objetivo de fundar una colonia en ese archipiélago.

felipe II horizontal

A Villalobos se le debe dar el nombre de Islas Filipinas en honor al entonces príncipe, el futuro Felipe II. Pero la expedición fue un fracaso debido a que aunque lo intentaron repetidamente, no encontraron el camino de regreso. Como moscas contra una ventana, las corrientes y los vientos adversos los devolvían al punto de partida. Acosado por los nativos hostiles se dirigió a las Molucas. Allí los portugueses lo encarcelaron. Murió en prisión. Su confesor fue el jesuita Francisco de Jasso, quien sería luego fuera canonizado como San Francisco Javier, el explorador olvidado que visité en Goa.

atardecer mar de solo y barco

1861, 1981, 1861, 1861. Me resulta casi increíble el camino recorrido hasta ahora para llegar aquí. Dejé atrás Catbalogan y me dirigí hacia el norte de Leyte. En Allen zarpan los ferrys hacia Luzón. El puerto estaba tomado por una pequeña turba de chiquillos. Subían a bordo y se lanzaban al agua desde cubierta. El horizonte verdísimo de palmeras y azul del mar les hacía de perfecto marco a su insensata libertad. Sin escolarizar, muy delgados y morenos pero haciéndose adultos demasiado deprisa. Me refiero a esa forma viciosa de adultez. Con apenas 12 años ya fuman como carreteros. Los pasajeros les arrojan monedas y ellos bucean para alcanzarlas. Suben por las maromas a las cubiertas superiores ante la indiferencia de la tripulación y se lanzan al agua haciendo cabriolas. Son acróbatas y tienen sangre pirata en sus venas. Pero lo que no tienen es futuro.

nadador

Todos los asientos estaban ocupados. Me senté en el suelo y el cansancio se apoderó de mí. Me quedaba todavía una hora y media hasta cruzar el estrecho de San Bernardino. Me tumbé cuan largo soy sobre la dura plancha de hierro, cerré las cremalleras de los bolsillos de pantalón para evitar hurtos, apoyé la cabeza en la bolsa y me quedé profundamente dormido. Desperté atontado y perplejo. Miré mi reloj. Había pasado una hora entera a pierna suelta tendido entre una multitud que iba y venía sin importarme ni la suciedad ni la incomodidad del lecho metálico. Me di cuenta en ese momento de lo lejos que había llegado en mi viaje y no solo geográficamente.

cargando moto 3

Ser capaz de dormir en semejante situación significaba que ya estaba hecho de otra pasta, de una pasta similar a la de todos esos tipos desarrapados que he visto durmiendo en la calle en África, India, Nepal o Asia. Ya me da todo igual. Comer con las manos, la mugre, las cucarachas, el agua no potable. Al mismo tiempo, dormir así significaba que estaba muy cansado. Que estoy muy cansado. Que me exijo mucho, quizá demasiado, que cada día es una prueba más a superar conduciendo, escribiendo, haciendo fotos y grabando vídeo.

El ferry atracó en Luzón y la escena de los niños se repitió. Subí hacia el norte. Encontré muchísimos sidecares, verdadera institución del transporte colectivo. Una moto pequeña, una gran carrocería y un montón de gente. No hay más límites que los de la física, tantos como quepan, tantos suben.

ya

En una pequeña aldea llamada San Miguel vi un edificio sólido y macizo. Una construcción moderna pero de aspecto castellano. O al menos de lo que en Filipinas se puede considerar castellano. Pensión Casa de Piedra. La habitación limpia y con una buena cama. Había un restaurante un poco más allá. En la casa trabajaban cuatro mujeres. La encargada, hija de la dueña, dos sobrinas de 17 años y una camarera de 24. Me convertí en la estrella de la noche. Todas me atendían solícitas, encantadas de tener a un Joe, porque aquí soy un Joe. He dejado de ser un mister. Joe era como llamaban a los soldados americanos. Los blancos somos todos joes. Asi me saludan por la calle. “Ey, Joe”. Y yo les respondo igual. “Ey Joe”. Y todos reímos y nos lo pasamos bien.

chusma esperando

Desperté aturdido y algo resacoso. Cuando me espabilé salí a correr. El tráfico ya bien de mañana era espeso y el aire irrespirable. Vi un camino que se desviaba de la carretera entre las palmeras y los arrozales. Arribé a otro mundo. El de la Filipinas rural. En cuanto te apartabas veinte metros del arañazo asfaltado aparecía la senda de barro, las casas sin saneamiento, las bacas, los perros, los gallos, los críos descalzos.

ropa tendida 2

Manila estaba lejos. A más de 450 kilómetros. Diez horas, me advirtieron. Y no mentían. El tráfico y las obras hicieron el camino interminable. Hasta que se produjo el milagro. Una autopista. Una autopista de verdad, con sus dos carriles y sus peajes. A 100 por hora me lancé hacia el centro de la ciudad. En realidad son varias ciudades apiñadas en torno a la bahía y al pequeño enclave de Intramuros. Cuando entré en la zona amurallada lo ví como un símbolo: el monumento al 400 aniversario de la expedición de Legazpi en 1564.

crios op

Miguel López de Legazpi no era marino cuando recibió la encomienda del Virrey para colonizar Filipinas. Hidalgo segundón, estudió para letrado, se hizo notario en Guipuzcoa y para prosperar se marchó a America. Allí siguió escalando en su carrera como alto funcionario hasta enriquecerse y ser Alcalde Mayor de Ciudad de Méjico. Tenía casa, hacienda, familia y la vida más que resuelta. Podía haberse negado. ¿Por qué no lo hizo?¿Qué pintaba en semejante aventura? Vendió todo y de su propio dinero armó una flota en la que reclutó a sus familiares. El oscuro burócrata arriesgó cuanto tenía en pos de un sueño. Su viaje fue un éxito. Pacificó las islas, firmó tratados y fundó Manila. Pero la vida es eso que te pasa mientras planeas otras cosas y Miguel López de Legazpi murió arruinado en Manila en 1572 sin saber que Felipe II le había nombrado Gobernador Vitalicio de Filipinas con una jugosa renta.

entrada fuerte san pedro

1981, 1861. ¡Por fin lo entiendo! Ahora descubro la razón de esta inaudita doble fecha que parece no tener sentido. Sobre el barro fresco con el que se hacían estas losetas se grababan siempre los números 1861, año correcto de fabricación. Pero según el adoquín se colocara por el obrero del derecho o del revés la fecha mudaba en más de un siglo. 1861 o 1981 según se mire. Una mera cuestión de descuido. Sin duda, al trabajador que los puso le importaba un bledo en qué orden estuvieran colocados.

hombres

Eso me hace pensar en cuan cambiante es la vida. Qué mudable, corta e injusta puede ser. Sometida siempre al albur de las aleatorias combinaciones, la suerte, el destino, la fama o la riqueza. Magallanes descubrió las Filipinas y lo pagó con su vida. Villalobos las bautizó en honor de un príncipe lejano por el que vino a dar la vida; murió preso en una cárcel enemiga. Legazpi alcanzó todos sus objetivos, pero no obtuvo la riqueza merecida. No hay gloria completa. Así es el juego. Los adoquines del destino marcan una fecha u otra en función de cómo los hayan colocados; ese orden desigual hay que asumirlo como inherente a la partida. Ora 1861, ora 1981.

niña

Pero ahora que lo pienso, también pudiera ser que estuvieran dispuestos con toda intención. Este pasillo sobre la muralla se recorre en las dos direcciones. Yo mismo estoy regresando ahora. Los equivocados 1981 que viera al avanzar ahora se tornan correctos 1861. Lo mismo le sucede a los 1861 de antaño, que hogaño se vuelven fecha errada. ¿Error o acierto? Imposible de saber por adelantado. Seguramente las dos cosas al mismo tiempo. Mientras piso los últimos peldaños pienso en que la existencia hay que aceptarla tay y como es porque, en realidad, los adoquines del destino están siempre ordenados en el orden adecuado aunque muchas veces no lo entendamos.

1981 1861

 

Anuncios
Categorías: 100 Países en Moto | Etiquetas: | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: