100 países en moto por orden alfabético. Nº64 Holanda (Netherlands)


 

12th player

Holanda es un pequeño país europeo poco atractivo para el motociclismo puro por ser completamente llano y superpoblado. Sin embargo, socialmente sí es interesante. Aparece en esta lista en la “N” y no en la “H” porque sigo el listado internacional de países escrito en inglés. Conocí Holanda en moto durante mi viaje por etapas contado en el libro Europa Lowcost en el que diseñé un sistema para viajar sin vacaciones usando solo los fines de semana. Durante cinco días tenía la moto aparcada en un aeropuerto europeo mientras yo trabajaba en España y el viernes volaba en una compañía barata para recogerla y llevarla hasta otro país donde la aparcaba el domingo y así sucesivamente. La casualidad hizo que el fin de semana que tocaba Holanda se enfrentasen en la final del Mundial de Fútbol las selecciones holandesa y española. Final que pude vivir en Amsterdam, tras las líneas enemigas. Este es el relato contenido en el libro.

Una final del Mundial no es fútbol. Es Historia. Es un conflicto bélico entre dos países que genera interés planetario. Tras casi mil kilómetros de bosques y doradas colinas, que a partir de Dortmund se amansan en un interminable llano, llego a la frontera, donde marco un gol imaginario sobre la señal de Niederland. Todo un presagio.

 channel

La fantástica ciudad de los canales y los coffe shops me recibe con un océano de desatada euforia. Atravieso el populoso Barrio Rojo. No cabe un alma en las terrazas, en los bares, en las plazoletas. El sol brilla esplendido. La cerveza corre y corre. Y las manufacturas de liar echan más humo que Santiago Carrillo en una reunión del Comité Central. Pero ¿Dónde están los españoles? ¿Acaso no hay nadie para intentar poner una pica en Flandes? Normalmente, Amsterdam está llena de turistas ibéricos. Seguro que alguno había organizado sus vacaciones antes de decidirse los finalistas.

 

En la Thorbeckplein, muy cerca del Damm, unas decenas de cantarines compatriotas tratan de hacerse oír ante el dictatorial fragor del griterío contrario. Es un testimonio valiente y colorista, aunque bastante inofensivo. Paseantes y policías miran entre curiosos y compasivos esta esforzada demostración de furia racial por parte de tan escasos combatientes. Quizá han olvidado ya que los Tercios que les zurraron la badana nunca fueron numerosos

 holland fun

En la Museumplein han colocado pantalla gigante y gradas portátiles. La multitud copa todas las esquinas. Sólo se ve el naranja de las camisetas y el verde de las latas de cerveza. Son las siete de la tarde y el calor resulta asquerosamente pegajoso. Para cuando el balón echa a rodar, Amsterdam es una ciudad de calles desiertas. Un policía me para, mosqueado al verme tan a mi aire. Me recomienda vivamente que no ande por ahí con semejante matrícula. Ya, pero ¿dónde guardar la moto en una ciudad llena de canales y sin un maldito parking subterráneo? Decido camuflarla pegándola a la pared y cubriendo la placa con una maceta.

 flags

Diviso a lo lejos dos sombras rojizas. Son de Valladolid y vagan sin rumbo buscando la hinchada española. “Soy yo”, digo, “así que vamos a encontrar un lugar para ver el partido antes de que todo termine”. En una pizzería no nos reciben de muy buen talante. No molestamos a nadie. Tampoco hay nada que celebrar, mas en la segunda parte nos echan. Alegan que van a cerrar. Mentira cochina. Castigados a salir con las camisetas rojas somos objeto de numerosos comentarios y miradas. Un tipo quiere comprar la bandera cueste lo que cueste. Nos negamos en redondo. Está claro que no la quiere para honrarla precisamente.

 

El alcohol ha ido enturbiando las mentes. Los anaranjados tifosi que encontramos ya no son tan simpáticos como antes. Propongo ver en mi hotel el final del partido. Siempre que vengo a Amsterdam me alojo en el Vondelpark hotel, al lado del más famoso parque público. Acceden, cansados de caminar en territorio hostil. Ello nos obliga a cruzar las líneas enemigas con la multitud convertida ya en ansiosa horda.

 

Mi habitación da a la calle. Hace mucho calor, salimos fuera y miramos la televisión a través de la ventana. Aparece un furgón policial. No quieren detener a nadie, sólo seguir la prórroga en recepción. Cuando Iniesta lanza la pierna y el balón perfora los sueños de Holanda, el país enmudece. Sólo se oye un grito en la noche. El mío. Un gol que suena como un disparo ronco. Uno de los policías nos mira. Me encojo de hombros como disculpando mi exceso, pero él levanta el pulgar felicitándonos. El resto de agentes va saliendo con expresión dolorida. Será el comienzo de un lento desfile de cabizbajos espectros. Decidimos celebrar el triunfo dentro del cuarto. Por sensatez pero también por educación.

 supporters

Al día siguiente, Amsterdam despierta sucia y silenciosa. Las calles están sembradas de basura. Ya no se oyen risas sino sólo el zumbido de las máquinas limpiadoras. De las fachadas cuelgan guirnaldas y banderolas naranja convertidas en ajada tristeza. Es lunes. Llueve y no hay muchos motivos para sonreír. Yo sí lo hago. La moto está incólume. Ha sobrevivido al vandalismo. Salgo a correr por Vondel Park. Una zona verde maravillosa pero un día de diario a estas horas matutinas solo congrega turistas y degenerados. Vagabundos que fuman desde por la mañana. Amsterdam está peor que nunca. Cada vez que vengo me gusta menos. No sé si el deterioro es real o soy yo el que la deteriora al eliminar la sorpresa. Un tiempo pensé que sería un privilegio vivir aquí, ahora pienso que sería una tortura. Aunque también es cierto que la degeneración superlativa se concentra en el cuadrado cuasi opaco del Barrio Rojo, pero es cierto también que con sus canales estrechos y sus jorobados puentes representa el urbanismo más alucinado y atractivo de la ciudad.

 spanish fans in amsterdam

Lo que más odio son las bicicletas, silenciosas homicidas, pero yendo en moto uno se puede aprovechar de la misma libertad y meterse por cualquier parte. Esa anarquía es gozosa, especialmente después de ciudades como Praga o Berlín donde las motos se miran con desconfianza y rechazo. ¿Por qué nos odian tanto? Es algo que leo en las caras de conductores y peatones. Especialmente en hombres maduros y en mala forma física. Es como si pensaran, “si yo no puedo, no quiero que pueda nadie”. Esos envidiosos son la mejor prueba de que estoy haciendo lo mejor que se puede hacer: ser libre y consciente de que lo soy.

 DSCN9730

Voy al Museo Van Gogh. Hay las colas de siempre pero una cantidad de desperdicios inusitada. Para los barrenderos debe ser hiriente limpiar la mugre con la tristeza añadida de haber perdido en partido. En la plaza donde estaba la pantalla gigante quedan toneladas de basura y algunos equipos de televisión. Encuentro a un español que trabaja para Oberon. Han prestado las máquinas a todos los canales que querían imágenes de Amsterdam. Recorro el camposanto en moto y me dejo la cámara de vídeo bajo el chaparrón que acaba de arrojarnos el cielo. La pobre sobrevivió a África, pero no lo hará a Holanda.

DSCN9695 

Salgo de la ciudad sin perder más tiempo. Tengo que coger el avión de regreso. Percibo que desde sus coches los conductores holandeses me miran con indisimulado resentimiento. Siento algo de lástima por ellos. Si pudiera les diría que no es tan importante, que el futbol es sólo un juego. Pero sería inútil porque todos sabemos perfectamente que no es así.

Anuncios
Categorías: 100 Países en Moto | Etiquetas: | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: