100 países en moto por orden alfabético. Nº57 Macedonia


welcome to macedonia

 

Macedonia es un país balcánico que formó parte de Yugoslavia hasta 1991. Lo he recorrido en dos ocasiones. En 2009 mientras escribía mi libro Europa Lowcost y en 2015 filmando la 3ª temporada de Diario de un Nómada Operación Ararat. El siguiente texto está tomado del libro Operación Ararat que se publicará con la emisión de la serie.

En 1991 se independizó de Yugoslavia. Grecia impuso entonces sanciones económicas cuando el nuevo país se autodenominó República de Macedonia por considerar que usurpaba un nombre que le correspondía históricamente. Para evitar el castigo, el recién nacido Estado lo cambió ante las instituciones internacionales por el de “Antigua República Yugoeslava de Macedonia”. Aunque, evidentemente, nadie la llama así.

wild balcans 2

Macedonia Es un país que recibe con una vegetación exuberante que reluce y brilla debido a la reciente lluvia. Lluvia insoportable y cotidiana pero que ahora por fin da un respiro y amaina un poco para dejarme ver los contornos de este nuevo país. Llegamos a Struga, una pequeña ciudad turística a orillas del lago Orhid. La gran balsa de agua que hace frontera entre Albania y Macedonia.

wild balcans

Es de una gran belleza, pues está rodeado de altas montañas y sus aguas son transparentes. Aunque esa nitidez es solo aparente. Declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco, sus frías aguas, antaño limpias, están sufriendo un grave proceso de contaminación debido a los residuos urbanos y pesticidas agrícolas.

macedonian landscape

El lago hace de frontera entre Albania y Macedonia, un país étnicamente mixto. Gran parte de la población del oeste de Macedonia es de origen albanés, muchos de los cuales reclaman la secesión para formar la Gran Albania, que sería el territorio en el que hay mayoría de población albanesa. Este país estuvo al borde de la guerra civil durante la guerra de Kosovo, al acoger 360.000 refugiados albaneses que alteraron el inestable equilibrio étnico.

welcome to skopje

Orhid era punto de parada y descanso en la Vía Egnatia, calzada romana que unía Durres en Albania con Estambul. Aquí había 365 iglesias, una por cada día del años, hay también un teatro romano y una universidad del siglo IX, donde está el origen del alfabeto cirílico.

zastava

Amanece y yo salgo a correr por la orilla del lago Orhid. El recorrido resulta maravilloso. El horizonte recortado por altas montañas aparece bañado en nubes algodonosas y el cielo se desgarra en retazos de un azul límpido y casi inverosímil. El ejercicio físico y este grandioso panorama se combinan para hacerme sentir casi levitar. Me siento bien, estoy contento porque el trabajo avanza y lo que veo a mi alrededor me sigue sorprendiendo tanto como cuando viajaba en solitario. Me gusta mi caja de bombones y me gusta que todavía me queden tantos por abrir. Armenia está lejos y creo que aún queda por delante lo mejor del viaje.

balcans signal

Cuando regreso a Estruga me cruzo con paseantes de mediana edad y niños que van al colegio. Juegan entre sí, travesean alegres, vivarachos, pero de un modo respetuoso para los viandantes y sus profesores, que emanan esa auctoritas tan rara ya entre nosotros. Esos niños me recuerdan a mi infancia, cuando temía y admiraba por igual a mis maestros. Se respira armonía y cordialidad en este pueblo a pesar de las evidentes estrecheces económicas por las que pasa la sociedad macedonia. Las casas están deterioradas, las fachadas de cemento de los grises bloques de vivienda parecen al borde del colapso, los viejos edificios oficiales están abandonados, hay abundantes coches de la época yugoslava tiznados de óxido. Y sin embargo, veo a mucha gente feliz, satisfecha, despreocupada en sus quehaceres. Los ancianos están sanos, no supuran esa hostil infelicidad que tantas veces descubro en mi propia ciudad. A pesar de los problemas, estas sociedades de Europa Oriental me resultan todavía humanas.

suicide winnipeg

Regreso al hotel de muy buen humor. Desayunamos las sobras de la opípara cena de anoche. Como cada día, recogemos el escueto equipaje y arrancamos rumbo al siguiente destino. Mientras conduzco me fijo en un detalle. La señalización viaria de los pueblos es bilingüe. Está escrita en Albanés y en Macedonio, pero los topónimos en este último idioma están tachados con spray de pintura negro. La tensión étnica se muestra ahí muy claramente. Siempre he pensado que las carreteras ofrecen una buena radiografía de un país. En ellas se ve lo que muchas veces no se muestra en ninguna otra parte. Las pintadas espontáneas hablan de los conflictos que no reconocen los discursos oficiales mientras que los carteles de publicidad oficial revelan los problemas que tienen las sociedades. En Bostwana, por ejemplo, había grandes anuncios gubernamentales contra el maltrato, el alcoholismo o el rechazo al preservativo. Esos mensajes le dicen al viajero que la comunidad sufre esas patologías sociales sin que haya tenido que leerlo en algún informe oficial. En el otro extremo, una vez en Canadá vi una señal enorme que aseguraba que el suicidio no era la respuesta, que había esperanza. Ese panel desnudaba a una sociedad que disfruta de todo lo material pero no encuentra soluciones contra la ansiedad y la frustración.

suicide not the answer

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