100 países en moto por orden alfabético. Nº52 Lesotho


 

lesotho horizon

Lesotho es un pequeño y pobre país conocido como el Techo de África por su orografía montañosa. Lo conocí durante mi viaje por África sobre una BMW R80 G/S del año 92 contado en mi libro Un millón de piedras. Situado a una altitud media de 1800 metros sobre el nivel del mar, es de una belleza primigenia y cautivadora, pero también resulta un territorio abrupto, árido, de relieves escarpados y difíciles de recorrer. Nación independiente desde 1968, la antigua Basutolandía está completamente enclavada dentro de la gran República de Sudáfrica, único país con el que mantiene fronteras.

 

Durante mi viaje motociclista por África me detuve en su animada capital, Maseru. En la quinta planta del alto edificio del Ministerio de Sanidad está la oficina de Riders for Health, una ONG bastante atípica en la región. Fundada por el ex piloto de motociclismo Randy Mamola, no contrata nunca personal extranjero y utiliza motocicletas como instrumento básico para su trabajo, consistente en llevar asistencia sanitaria a los poblados más recónditos.

lady riders

Me recibió una risueña Mahali Mlhasa, responsable local del proyecto. La dependencia era muy pequeña y me dio la impresión de estar atestada de equipos de motorista: cascos, chaquetas, guantes… pero todo se encontraba perfectamente ordenado y custodiado. Ese material salva vidas. Quizá pueda parecer sorprendente, pero la realidad es que en África las motocicletas no son juguetes sino utilísimas herramientas.

lesotho rider

El transporte es siempre la gran asignatura pendiente de la solidaridad. De nada servirá que se descubra una vacuna contra el sida si luego no llega hasta quienes realmente la necesitan. La mayoría de la población africana reside en comunidades rurales aisladas. Entre ellos y los centros de distribución hay cientos o miles de kilómetros de desierto, selva, montaña o bosque de matorral. En época de lluvias, las pistas sin asfaltar se convierten en barrizales que ni los 4X4 logran superar.

among lady riders

La ecuación es simple. Con lo que cuesta un gran coche todo terreno, se pueden comprar diez pequeñas Honda de 200 centímetros cúbicos de muy sencillo mantenimiento. Riders for Health trabaja en esa línea en países tan necesitados como Gambia, Ghana, República Democrática de Congo, Uganda, Kenya, Tanzania o Zimbabwe.

 

No, aunque sorprenda saberlo, en África las motocicletas no son juguetes. Aunque quizá pueda sorprender todavía más conocer quienes las conducen.

 

—Preferimos contratar mujeres como pilotos porque tienen muy pocos accidentes— explicó Mahali—. Las mujeres no usan las motos para fines inadecuados, nunca se exhiben, jamás se emborrachan y conducen con mucha más prudencia que los hombres.

wrong way

No había reivindicación feminista en sus palabras sino cruda lógica económica. Decidí seguir a uno de estos equipos. Las conductoras viajan en grupos de tres y tienen autoridad de funcionarias del Ministerio de Sanidad. En su modesto equipaje cargaban medicinas, vacunas e información sobre sida, sexualidad e higiene. Como reiteran una y otra vez, la educación es una parte esencial de su labor. Cuando llegamos a los poblados, asesoraron las madres primerizas, a los jefes de comunidad y a los sanitarios locales que atendían con respeto sus instrucciones.

lesotho children

Tras unos kilómetros de ruta a través de pistas sin asfaltar y carreteras bacheadas, se revelaron como estupendas motoristas de gran valor y extraordinaria pericia. Riders for Health se encarga de realizar una contante labor de instrucción. No había exhibicionismo en su pilotaje, solo eficacia. Nadie pretendía ganar una carrera, sino llegar y cumplir con la misión encomendada. No había vanagloria personal ni flashes ni periodistas en la meta de un rally.

 

Cuando terminó la jornada, me sentía realmente agotado pero feliz de haber visto con mis ojos el gran servicio que puede hacer una mujer sobre una moto. Desde detrás de mi cerveza fría observé sus alegres rostros y no pude evitar pensar que en África las mujeres suelen resultar siempre la mejor solución a los graves problemas del continente. Trabajadoras, sensatas y ahorrativas, cuidan de amplísimas familias y hacen funcionar las comunidades con tesón y entrega. Ahora también pilotan unas motocicletas rojas que esparcen un poco de esperanza sobre su castigada tierra.

 

Puedes leer más en Un millón de piedras. Pídemelo dedicado en info@miquelsilvestre.com

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