100 países en moto por orden alfabético. Nº48 Kosovo


 

welcome to kosovo

Kosovo es otro de esos países que uno no sabe si oficialmente lo son o no lo son. Para parte de la Comunidad Internacional es una región autónoma de Serbia bajo tutela de las Naciones Unidas, para otra parte es ya un Estado independiente. Yo solo sé que tuve que cruzar una frontera, enseñar un pasaporte y que dentro de sus lindes no había ninguna autoridad serbia. Tuve ocasión de recorrerla en 2010 mientras escribía mi libro Europa Lowcost. Los siguientes párrafos están extraídos de él.

 

La carretera hacia Kosovo es revirada, balcánica, de media montaña. Salgo de Montenegro y entro en Serbia. Los policías fronterizos serbios no tienen ni casetas; hay un tipo gordo con uniforme azul plantado en la mitad de la vía. Cuando ve mi pasaporte español me dice que hay que sellarlo, que aparque la moto en el arcén. Sentados en un banco hay varios agentes más. Mal vestidos e indolentes, parecen una cuadrilla salida de un viejo fotograma de los tiempos de la guerra. Sale el jefe y al ver que soy español hace bromas sobre el baloncesto que los demás conmilitones ríen sonoramente. Al parecer Serbia ha debido ganar a España en un campeonato o algo así. No sé a qué se refiere exactamente pero enseño los dientes a modo de sonrisa. Ellos sellan y yo me voy. He entrado en la provincia kosovar todavía bajo su control, situada al norte y administrada por Serbia con el nombre de Asamblea Comunitaria de Kosovo y Metohija. Esta región se ve extremadamente pobre, atrasada, de gente cenicienta y poco simpática. En una gasolinera compruebo que usan dinares serbios que están en proporción de 1 euro a 113. Serbia resulta un padrino mucho más pobre que la Unión Europea.

albanian ride

Veo un puente nuevo pero no es ese el camino que tengo que seguir según el GPS. Lo dejo a mi derecha. Se trata del nuevo camino abierto para unir esta zona serbia con la parte serbia de Mitrovica sin atravesar el lado albanés. Poco después encuentro un solitario policía serbio en la carretera. Lo siento algo hostil, malhumorado, pero no llega a plantearme problemas. Una curva después entro de golpe en el Kosovo que declaró su independencia de modo unilateral en el 2008. La declaración ha dividido a la comunidad internacional. Estados Unidos ha reconocido la nueva nación, pero no así España, por razones internas más que obvias. Llego hasta el puesto de control. Un destacamento de gendarmes franceses está guardia con uniforme de camuflaje y el armamento de guerra amartillado. Pero salvo estar visibles, no parecen hacer nada más. Los policías kosovares tienen rasgos netamente europeos y flamantes uniformes. Todo el equipo es nuevo. Me recibe una mujer, la primera que veo ejerciendo estas funciones. Me trata cortésmente y me dan el pasaporte con una hoja de entrada. No hay sello. La hoja la retirarán cuando abandone Kosovo, que como entidad política indefinida todavía se cuida de estampar pasaportes. Estas son las sutilezas de la política internacional que permiten mantener un status quo que perjudica las aspiraciones serbias. O sea, soy independiente como para establecer una policía de frontera, pero todavía no me arrogo la potestad de estampar pasaportes con un sello kosovar que delate mi soberanía y mi presencia en el selecto club de los países formalmente reconocidos. Concretando, lo más curioso es que nadie me exige contratar un seguro local a pesar de que sé que otros viajeros que han entrado por otros puntos tuvieron que hacerlo.

tank speed limit

Kosovo no me parece ni bello ni feo. Es plano. Su humanidad pobre se hacina desordenadamente en poblachones anodinos. La basura, por supuesto, en cualquier cuneta. Aunque esto es común a todos los países balcánicos salvo en la estrecha y cuidada franja litoral croata. La mayoría de coches no llevan matrícula. Al carecer de entidad jurídica como país, Kosovo todavía no tiene placas propias, pero los albaneses se niegan a llevar matrícula de Serbia o de Yugoeslavia. Sospecho que no solo es nacionalismo, sino treta. Bienvenidos sean todos los vehículos robados. En los Balcanes coexisten los arcaicos Ladas, Trabants, Yugos y Zastavas con los más modernos automóviles. Hay predilección por los alemanes. Volkswagen, Audi, BMW y Mercedes Benz. Sobre todo Mercedes Benz. Estoy convencido de que muchos han llegado hasta aquí de modo poco ortodoxo. Yo he llegado hasta aquí sin enseñar jamás la documentación de la moto, solo la carta verde y no siempre. Surco una región devastada y pobre. Las fábricas yacen abandonadas muerta toda actividad industrial. Las señales de tráfico recuerdan a los conductores de carros de combate la velocidad a la que han de circular y el peso máximo que soporta la vía.

wlcome to mitrovica

Mitrovica es una ciudad dividida por un río y dos almas. La parte albanesa es igual de miserable que la serbia aunque se ve más animada, caótica, grande y populosa. El típico bullicio musulmán. Se ven mezquitas, algunos barbados islamistas y mucho cartel de apoyo a las fuerzas de Kfor, que son una constante del paisaje bien visible. En esta parte están los franceses, noruegos e italianos. Hay monumentos de ensalzamiento de la UCK y algunas tumbas convertidas en mausoleos nacionalistas de honra a los mártires.

mitrovica grafitti

Cruzo a la parte serbia por un puente sobre el río Ibar que ha visto de todo. Una pintada da la bienvenida a las tropas rusas en la zona norte. Recuerda el genial golpe estratégico que dio Putin cuando recién constituida la KFOR mandó sus tropas desde Bosnia para impedir que la OTAN entrara en la ciudad y proteger así a los serbios, tradicionales aliados eslavos con quien comparte religión ortodoxa y alfabeto. Un destacamento de soldados ucranianos hace guardia junto a una tanqueta, pero en general el ambiente se ve tranquilo. Pregunto en una tienda de recambios automovilísticos por las pegatinas de Serbia y el tipo, casi emocionado, me regala un montón de ellas. Ofrezco pagarlas pero se niega. Él está muy orgulloso de que un extranjero deseé poner en su moto el emblema del país maldito, y yo cavilo sobre la moneda en que debería satisfacerlas. ¿En euros o en dinares serbios? ¿Qué divisa se admitirá en esta parte de Kosovo que no quiere ser Kosovo?

kfor bike

Coloco la pegatina en mi maleta y reflexiono sobre las teorías que hay al respecto. No faltan quienes dicen que no les interesan las pegatinas, que son solo un sígno de vanidad viajera. Tienen su parte de razón, no lo niego, pero son algo más. Son un pedazo de la historia de cada viaje. Cuando mire mi pegatina de Serbia recordaré cómo la conseguí y donde. Veré de nuevo la cara de este comerciante de luengos bigotes y recordaré su orgullo patriotico cuando se negó a cobrarme. Reviviré el ambiente espeso de una ciudad dividida y el rostro rubicundo de los soldados noruegos que pasaron en un todo terreno de la Kfor justo cuando salía de la tienda. Esta pegatina será vanidad viajera, sí, pero también será la fotografía de un momento único en Territorio Comanche.

mitrovica guys

Regreso al puente. Veo que hay muchos jóvenes de palique en los escalones de piedra que hay a ambos lados del cauce. Indiferentes al odio de sus padres, dejan pasar el rato mientras quizá esperen en vano que les surjan oportunidades para un futuro incierto. No quieren guerras, quieren comprarse un BMW. Este cauce medio seco por el estío es como una gran plaza segura. Charlo con unos muchachos que están apoyados en el pretil. Son pobres, inocentes y serbios. No les gustan los albaneses, no saben decirme por qué, así que me sueltan una consigna incontestable. “Dobro Serbia”, dicen. Bien Serbia.

pristina bill clinton

Cientos de kilómetros después, Prístina, la capital. Un incómodo caos que me recibe con un atasco monumental. No hay semáforos ni rotondas. Esto sí es la guerra. Abundan los coches de la OSCE, la UE y la KFOR. Sin el dinero de la ayuda internacional no sé lo que sería este país fantasma. Lo más interesante que encuentro es el Bulevar Bill Clinton con estatua dedicada. Pero no hallo ningún sitio decente para descansar. Hace calor y la urbe me resulta atroz, llena de gentes curiosas por la moto pero poco simpáticas. Son todos albaneses a pesar de que para los serbios, esta región es su verdadera cuna étnica. Sin embargo, los cristianos ortodoxos son minoría tras la Batalla de Kosovo acontecida en el Campo de los Mirlos en 1389 y que enfrentó al Sultán Otomano Murad I y al príncipe serbio Lazar Hrebeljanovic. Como actualmente recuerda de modo victimista y orgulloso el nacionalismo serbio, los otomanos vencieron, islamizaron la zona, sometieron duramente a los eslavos y repoblaron la región con emigrantes albaneses convertidos al Islam, constituyendo así una nueva mayoría social. Tras la caída del Imperio Otomano, Serbia se anexionó su patria sentimental. El conflicto quedó así sembrado para el futuro. Tras las atrocidades cometidas por ambos bandos en la recentísima guerra, la convivencia pacífica parece completamente imposible.

Si quieres leer Europa Lowcost puedes pedírmelo dedicado en info@miquelsilvestre.com

cubierta Europa Low Cost - Miquel Silvestre

 

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