100 países en moto por orden alfabético. Nº41 Israel


 

welcome to jerusalem

Visité Israel en mi viaje del 2009 que conté en el libro La emoción del Nómada. Recorrí entonces Asia Central y al experimentar una conversión religiosa en Uzbekistán decidí peregrinar a Tierra Santa. El único paso abierto por tierra hasta Jerusalem era por Jordania, así que este es el breve relato de lo que vi allí. La crónica completa se encuentra en el libro de referencia por si alguien tiene curiosidad.

En Israel la seguridad fronteriza está en manos de niños armados. Los jóvenes judíos están obligados a realizar el servicio militar pero su aspecto algo fofo delata que aman más la comida basura que el sionismo. Perderán su guerra si se siguen ablandando y solo confían en la tecnología. Aguardo sobre un puentecito de metal. La espera se prolonga, bajo de la moto y tomo un par de fotografías. Tres muchachos vestidos con pantalones kakis, gorras de béisbol y M16 se acercan.

—¿Qué estás fotografiando?—pregunta un mozalbete rubicundo bastante pasado de peso.

Muestro la pantalla de la cámara para que revise las imágenes y contesto.

—El río.

Son sólo niños aparentando dureza, pero sus armas no son una broma. Su política es asumir riesgos cero y eso puede resultar peligroso.

—¿El río?—se extraña—¿Por qué fotografías un río?

—Porque es el Jordan.

me at jordan river

El trámite fronterizo se demora más de cinco horas. El control es exhaustivo y me someten a un interrogatorio repetido por si acaso incurro en contradicciones. Pero ¿por qué voy a contradecirme? “¿Ha visitado usted Marruecos”, claro, respondo, varias veces, es mi país vecino. “¿En cuantos países musulmanes enemigos de Israel ha estado?” He perdido la cuenta, pero en muchos.

Se me acerca un chaval vestido de verde oliva. En un susurro me dice que también tiene moto. Me guiña un ojo. En el fondo somos colegas, aunque él tenga que representar ahora su papel de chico duro.

Una vez dentro del país encuentro un asfalto es de irreprochable factura; hay muchos coches nuevos, largos atascos y conductores impacientes. Ni una sola matrícula extranjera. Se suceden las pequeñas poblaciones de feo urbanismo occidental. Son como cualquier suburbio europeo con sus restaurantes de comida rápida y sus paseantes ociosos.

Israel

Pregunto en un par de ocasiones por la dirección correcta. Un tipo maduro me mira con una mezcla de hostilidad y estupor. No sabe inglés y no le gustan los extraños. Es un inmigrante ruso. La oleada de judíos eslavos ha sido enorme. Pronto han alcanzado peso político. Conservadores a ultranza, son de los que más vehementemente se oponen a cualquier cesión con los palestinos. La primigenia generación europea que fundó un Estado bajo los axiomas del laborismo intelectual ha quedado diluida en un magma multiétnico propiciado por la política del Gran Israel como casa abierta para cualquier judío del planeta. Esta masiva emigración tiene más que ver con causas económicas que religiosas.

Pero la religión está aquí. Es piedra, árbol, mar y carne. El mapa que recorro lo dibujó la Biblia hace miles de años. Sospecho que hasta el más descreído también se vería sacudido de algún modo por las reminiscencias sagradas que brotan de las señales viarias, como la que indica que por fin he llegado a Nazareth. Las monjas del albergue me advierten de los ladronzuelos nocturnos. La nación de fronteras más herméticas y medidas de seguridad extremas tiene un problema de pequeña delincuencia común. No hay Leviatán perfecto.

nazareth (3)

Jerusalén. Cayendo casi en picado a través de una ancha autopista, aterrizo en la urbe del gran conflicto. Busco la ciudad vieja, repartida en cuatro barrios. El judío, el cristiano, el armenio y el musulmán. Multitud de turistas recorren las angostas callejuelas encerradas dentro de la muralla. Da la impresión de que no cabe un alma más. Recorro la Vía Dolorosa y me meto en los estrechísimos corredores del Cuarto Musulmán. Es increíble que nadie proteste. La muchedumbre se aparta sumisamente al paso de la moto, que a duras penas avanza sobre los gastados adoquines.

stairs (3)

Cada cierto tiempo veo patrullas de uniformes verde oliva recorriendo el laberinto con los subfusiles en ristre. Soldados muy jóvenes, armamento norteamericano, indiferencia generalizada. El desfile tiene algo de comedia, de representación teatral asumida por todos. Hasta que un día muere alguien, el argumento de la protesta se repite y semanas después se retorna a la rutina de una tensa convivencia.

holy sepulchre (2)

Larga fila de peregrinos aguarda para entrar en el reducidísimo cubículo funerario del Santo Sepulcro. Un monje joven y de despreocupada actitud, casi irreverente, cuida de que el ganado no se desmande y salga pronto de la cripta. Todo está forrado de pan de oro y refulge de dorada fe. Entramos agachando la cabeza. El espacio es diminuto. El ambiente sobrecoge por su densidad religiosa. Han sido miles de almas las que han penetrado aquí con devoción sincera.

holy sepulchre (3)

Mi próximo destino en Tierra Santa es Belén, dentro de los Territorios Palestinos.

Puedes pedirme La emoción del Nómada dedicado en info@miquelsilvestre.com

La emoción del nómada

La emoción del nómada

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