100 países en moto por orden alfabético. Nº42 y 43. Italia y San Marino


torre inclinada

Italia es uno de los países que más me gusta de Europa. He estado tantas veces que ya he perdido la cuenta. Fue mi primer destino al comenzar mi vida viajera allá por el 2008. El día que me concedían la excedencia como registrador de la propiedad estaba tomando un ferry a Italia para recorrer la Toscana. Mi admirado Josep Pla dijo que de todos los lugares que conocía sólo la Toscana merecía ser salvada. Recorrí aquella maravillosa región durante semanas incluyendo uno de los países más pequeños del mundo y seguramente el Estado más antiguo: la República Serenísima de San Marino. Me encanto lo que vi, olí y comí. Antipasti, Renacimiento, crostini, Galería de los Uficci, Brunello de Montalcino. Y sobre todo, calma. Mucha calma para hacer lo que me placiese. El teléfono había dejado de sonar. Me encantó la sensación de viajar en moto, descubrir paisajes nuevos, elegir un lugar cualquiera, sentarme a tomar un café, mirar a la gente y escribir. No se me había ocurrido todavía la idea para la gran novela, pero de aquellas observaciones toscanas nació mi primer reportaje de viajes, publicado a toda página en El País con el título tan poco original de Un motero en la Toscana

Desde entonces he recorrido muchas veces ese país. El norte, la zona media, el sur y también Sicilia. Difícil rescatar solo un texto para este blog, así que me decido por uno poco conocido sobre la vez que pasé por Roma y metí una moto en el Instituto Cervantes.

Roma, Ciudad Eterna, siete colinas que fueron mucho más que mera localización geográfica. Capital de un Imperio que de violento poder político se convirtió en ideal, en sinónimo de Justicia, Arte y Cultura. Ambicionada por bárbaros, odiada por sus competidores, temida por sus enemigos, al final cayó víctima de sus propios vicios. Aún así, añorada como referente moral por todos los gobernantes euro asiáticos posteriores a su desaparición. Bizancio, el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio Austrohúngaro y hasta el Fascio de Musolini se declararon sus herederos de un modo oportunista y a veces grotesco.

puente sant´angelo

He visitado muchas ciudades, pero Roma quizá sea la que me resulta más conmovedora desde los lejanos y felices tiempos de mi juventud como estudiante de Derecho, cuando me empapaba de sus Instituciones, del Digesto, de las atinadas soluciones a los pleitos entre Cayo y Ticio, litigantes imaginarios que siempre estaban disputando en casos de laboratorio. Comprendí entonces que aquellos sabios juriconsultos romanos que habitaban en mis libros de texto habían hecho tan poderosa su civilización porque se preocuparon de dar respuesta tanto a los importantes problemas del Imperio como a los mínimos egoísmos de sus conciudadanos. Roma era lo grande y lo pequeño. Lo elevado y lo terrenal. El sueño y la materia.

IMG_3457

La ciudad me recibe con lluvia y una legión de turistas en cada esquina. Yo no lo soy. He venido a presentar mi libro de viajes por África Un millón de piedras en el Instituto Cervantes de Roma que está en la fabulosa Piazza Navona. ¿Cómo se ha producido el prodigio de que tan alta institución cultural acepte introducir, literalmente, una motocicleta en sus respetables salones? Concatenación de hechos aparentemente casuales, aunque yo he aprendido a desconfiar de las casualidades. Cada mes publico un reportaje motero en Ling, la revista que va a bordo de los aviones de la compañía Vueling, en el que cuento una etapa del largo viaje que hice en Europa durante fines de semana.

DSCN3179

Quince mil kilómetros sin pedir vacaciones. Cuatro meses recorriendo de viernes a domingo la distancia entre dos aeropuertos. Aparcaba la moto y regresaba a por ella cinco días después. Una periodista italiana escribió un reportaje para La Repubblica sobre este peculiar modo de viajar. Mencionaba que además había escrito un libro de aventuras en moto por África. El reportaje causó interés en la Librería Spagnola de Piazza Navona. Pidieron el libro. Pocos días después me enteré de que les había entusiasmado y que querían que fuera a presentarlo. El mismísimo Instituto Cervantes ofrecía su espacio cultural para el evento. La naviera Grimaldi, patrocinadora del Cervantes de Roma, se ofreció a esponsorizarme con un viaje de ida y vuelta en uno de sus ferries.

arco constantino

Llueve sobre Roma. Atravieso Piazza Navona ante la mirada atónita de paseantes, camareros y carabinieri. Cuando van a llamarme la atención por invadir un espacio rigurosamente peatonal, les señalo el póster pegado en las cristaleras de la sala del Cervantes. Allí se anuncia la presentación del libro con una imagen de su portada y el aviso de que su autor comparecerá acompañado de su inseparable moto. Los uniformados dudan qué hacer y yo aprovecho su titubeo para meter la BMW dentro de la sala, donde quedará expuesta todo el día. El forcejeo con los altos escalones de la entrada causa verdadera sensación entre los transeúntes, que por unos momentos dejan de contemplar la bellísima fontana de los Cuatro Ríos, obra de Giacomo Della Porta, para admirar otra gran obra de arte: una BMW GS 1200 con sesenta mil kilómetros de polvo y arena encima.

panteon

Encuentro una sala repleta. Me han puesto incluso traductora simultánea. No tengo delante a moteros sino gentes interesadas por los libros y la cultura española. El auditorio aguarda. Estoy algo nervioso pero esta lección me la sé. Comienzo proyectando el pequeño vídeo de tres minutos que ha realizado Exploramoto sobre mi viaje. El acelerado clip produce conmoción en el respetable. Al ver mi sangre derramada en un accidente, la cara de miedo al cruzar Mauritania o los soldados senegaleses que me cierran el paso comprenden que esta no será una presentación al uso.

librería spagnola

Incluso Gianfranco Zicarelli, gestor cultural del Instituto, queda sorprendido por lo ameno e intenso de mi mensaje. Lejos de pintarme como un héroe o glorificar mi aventura, trato de explicar, apoyado por decenas de fotografías tomadas en Irak, Siria, Kazajstán o Zimbabwe, que el mundo es un lugar mucho más habitable de lo que pensaríamos si solo viéramos la televisión. Que la gente de cualquier latitud es siempre igual. La mayoría son decentes y solo quieren alimentar a su familia y vivir en paz. No hacen falta marines entrenados en combate para cruzar el mundo en moto, basta confiar en uno mismo y en el ser humano.

presentación cervantes

Termino. Aplausos. Firma de libros. Aturdimiento. Me gusta más montar en moto que socializar. Los dueños de la librería están contentos y me invitan a una opípara cena y a varias botellas de un delicioso vino toscano. Todos dicen que ha salido muy bien, que se han vendido muchos libros, que nadie se imaginaba que un viaje en moto pudiera ser tan interesante. Yo me siento algo ingrávido por el cansancio y el exceso de comida y bebida. Camino de regreso al hotel bajo un aguacero. En Roma no deja de llover. Por la noche tengo sueños agitados, confusos. Sin duda son fruto del agotamiento y la excitación. En mis fantasías la ciudad parece vacía, desierta, solitaria. Evidentemente, es una recreación imaginaria de mis propios deseos. Me gustaría tanto disfrutar de Roma como si fuera solo mía que he construido un matrix mental. Pero es un imposible y aún soñando me doy cuenta de ello.

miquel en cervantes

Pero la vida también es sueño y aprovecho gozosamente este prodigio. Recorro las asoladas callejuelas del Trastevere, literalmente, más allá del Tíber, donde en la antigüedad más remota se terminaba el amparo debido a los ciudadanos romanos y los deudores que incumplían su obligación podían ser vendidos como esclavos. Luego rodeo el Panteón de Agripa, intacto desde la época de Adriano porque fue convertido en iglesia católica. Nadie más que yo ocupa la plaza de la Rotonda. La entrada del templo está a la altura de la calle, aunque en su origen se elevaba sobre altas escalinatas. Sin embargo, Roma se ha construido sobre sus propios escombros desde hace tres mil años y el nivel del pavimento ha subido varios metros. Nadie molesta, nadie habla, nadie perturba mi ensoñación.

via horizontal

Siguiente parada: el Coliseo, anfiteatro más famoso y visitado del mundo. El Arco de Constantino, ubicado en la Vía Triumphalis que tomaban los generales y emperadores victoriosos. La Vía Sacra que lleva a la Colina del Palatino. He pisado Palmira en Siria, Gerasa en Jordania, Sabratah en Libia, Dougga en Túnez, Pula en Croacia; he perseguido en África, Oriente Medio y los Balcanes el legado de los emperadores más gloriosos, los Nervas, los Trajanos, los Antoninos… tal vez allí, protegidas por el desierto y la soledad, los restos arqueológicos estén mejor conservados que en la húmeda y populosa Europa, pero Roma es otra cosa, y otra cosa son también estas piedras que mi nocturna imaginación me permite pisar sin compañía. Satisfecho y feliz regreso a la calma del lecho por el bellísimo Puente de Sant´Angelo. Sus estatuas de ángeles y apóstoles escoltan mi deambular onírico.

ferry

Despierto en la cama del hotel Marcus. Sigue lloviendo. Me entristece marchar. Aquí me siento en casa. Recuerdo que he soñado que recorría Roma, que el cielo brillaba limpio de nubes y que no había nadie en las calles. La ciudad era toda para mí. Pero sé que eso es un imposible. Marcho bajo el aguacero hasta Civitavecchia. Allí subo al moderno y confortable barco de Grimaldi. Aseguran la moto en bodega y subo a mi camarote. Me despojo del uniforme de gladiador motero, abro el portátil e introduzco la tarjeta de memoria de mi cámara para examinar las fotos que he tomado estos días. No espero ninguna maravilla pues el tiempo ha sido horrible y apenas he tenido tiempo para recorrer la ciudad. Abro el archivo donde sé que habrá unas cuantas tomas malas, borrosas, grises, desenfocadas, llenas de turistas armados de paraguas. Cuando por fin se despliega el visor del media player me quedó perplejo. Dicen que los milagros no existen y que los sueños, sueños son, pero tengo delante de mí la prueba de que a veces el deseo se convierte en realidad y que Roma puede hacer materia de los sueños.

 

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