100 países en moto por orden alfabético. Nº35 Irán


 

me at welcome to iran

Irán es uno de los mejores países que he recorrido en moto, sin duda donde la gente me ha parecido más hospitalaria. Lo conocí en 2009 durante mi viaje por toda la orilla sur del Mediterráneo, Oriente Medio, Irak e Irán. Desde entonces es uno de mis preferidos, aunque hay un grave inconveniente allí. La ley seca. El alcohol está prohibido y eso es una faena pues no hay nada que me guste más al terminar una larga jornada de viaje que una cerveza, a poder ser fría.

kalesi front

Pero también en Irán funciona el mercado negro. Esta es la pequeña aventura que viví en el país de los ayatolás el día en que me invitaron a cerveza ilegal. Estaba en Urmia, la capital de la provincia de Azerbayan Occidental. Cuando aparezco con mi enorme motocicleta BMW causó sensación; las motos de más de 200 céntimetros cúbicos están prohibidas en Irán, como muchas otras cosas, lo cual no hace sino estimular su atractivo.

pashdaran  sign

Me abordan un par de tipos de unos treinta años. Hablan inglés. Ayudan con el asunto del alojamiento y me llevan en su coche a almorzar. Mientras esperamos en un semáforo se acercan unas niñas mendigando. Les pregunto si acaso esto lo consiente la revolución. “Revolución”, dicen, “es solo una palabra.”

niños kurdos

Tomamos el almuerzo típico en un concurridísimo figón donde los extraños comparten mesa. Hemos de consumir la ración a toda velocidad para dejar sitio a los que esperan. El abgusht es un cocido especiado que elaboran en vasos de barro metidos en el horno. Ternera, garbanzos y patatas. En una escudilla de metal sirven el caldo, arrojas trozos de oblea, fabricas una pasta y la tomas como entrante. Luego aplastas la parte sólida con una herramienta de metal. Ese puré lo agarras con el resto de la oblea, haces un buñuelo o rollo. Delicioso, aunque hace sudar.

lunch

Enfrente está el viejo bazar. Antigua instalación de techos abovedados, puertas de medio arco y trazado laberíntico. Mil aromas, ruidos y colores se mezclan y confunden. Construido durante el reinado de la Dinastía Safávida, la primera que en el siglo XVI logró unificar la vieja Persia, disgregada desde la caída del Imperio Sasánida. El Shah Abbas I mandó una embajada a Europa en 1599. Llegaría hasta la España de Felipe III, donde algunos enviados se convirtieron al catolicismo, como el Primer Secretario, Uruch Beg, que adoptó el nombre de Juan de Persia.

urmia bazaar 2

Dicen querer enseñarme la ciudad. Pronto descubro su verdadero interés: comprar alcohol. Hay que celebrar la rara ocasión de tener un huésped “del exterior”. La operación es como pillar droga dura. No es para menos. Consumir licor es un grave delito. Llaman al tipo. Esperamos en el coche. El traficante aparece. Monta en un taxi. Le seguimos. El tipo llama a otro tipo. Arranca. Le seguimos. Esquina. Callejón. Esperamos. Tras cinco minutos eternos, aparece con un enorme fardo envuelto en plástico negro. Lo mete por la ventanilla. Queda depositado en mi regazo. Ochenta dólares cambian de mano. El paquete tiene toda la pinta de lo que es: una caja de 12 litros de cerveza.

iran pastor

El asunto de las cervezas me preocupa. ¿Y si fuera todo una encerrona? ¿Quién puede estar seguro de nada en un Estado policial? Los iraníes son muy amables, cierto, pero sus autoridades no se andan con remilgos en el trato con los extranjeros. Por un momento me imagino abriendo un telediario en farsí, acusado de graves crímenes contra el pueblo de Irán, convertido por una chiquillada en ingenua carne de cañón dentro del juego geoestratégico entre los ayatolahs y la Comunidad Internacional.

iranian mosque and curious people

Es de noche en las rústicas afueras. Se oye un perro ladrar. Alfombras viejas tapizan un cuarto humilde de casa de labranza. Cortan trozos de pollo y cordero. Encienden la estufa y preparan el fuego de asar. Sacan las cervezas. Tuborg elaboradas en Turquía. Algunos ni siquiera abren sus latas. Otros las abren pero no las tocan. Esperan por mí. ¿Cortesía o trampa? Es todo confuso, pero no puedo quedarme como una estatua toda la noche. Me encomiendo a mi tradicional buena fortuna de viajero y le doy un trago a mi lata. Todos me miran. El perro ladra. El fuego crepita. Suena un teléfono.

among urmian friends

Mi corazón da un brinco. ¿Quién puede estar llamando? ¿Será una señal convenida que preludie mi detención? Uno de ellos hace un gesto. Todos callan. Se hace un silencio espeso. Contesta con un tono de voz melifluo, algo cobardón. Al otro lado se oye el rumor de una voz de mujer irritada. Él da explicaciones en persa. El lenguaje de la culpabilidad es universal. Está mintiendo. Su madre le está llamando para saber dónde se ha metido. Asegura que todavía está en el trabajo, que llegará pronto. Cuando cuelga, todos ríen y le palmean la espalda. Doy un largo trago a mi cerveza. El horizonte se ha abierto. A los agentes de servicio nunca los llaman sus madres para preguntar cuándo diablos van a ir a cenar.

 

 

corpse vertical

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