100 países en moto por orden alfabético. Nº33 India


 

moto india vieja

En India los atascos son tan densos que resultarían hilarantes si no fuera tu propia vida la que está en juego. Los camiones más grandes llevan un curioso cartel: All India permit. Tienen permiso para sembrar el terror por todo el país. Las carreteras son humor negro, pero las ciudades resultan puro sarcasmo. Es casi imposible atravesarlas. Un millón de pequeñas motos tapona cualquier aliviadero. Resulta asombroso cómo conducen. Toda la familia viaja en la misma motocicleta. Tres, cuatro o hasta cinco miembros. Ninguno lleva casco. ¿Para qué? Nada parece importar en un país donde la mortalidad viaria ha de ser más que escalofriante. Parece no preocuparles lo más mínimo. Esta gente sin duda cree en la reencarnación.

mil en camioneta

Viendo de Goa, al cruzar la frontera del Estado de Karnataca, parece como viajar hacia atrás veinte años. Las mismas palmeras y selvas, los mismos ríos y montes, pero una diferencia esencial: aquí se ven las playas. No hay barreras de hormigón ni toneladas de basura.

 

maletas playa gokarna

Garnaka es un pueblo sagrado, centro de peregrinación. Aunque esto no lo convierte en algo realmente especial porque en India de cada dos pueblos uno es sagrado y el otro casi. Lo que de verdad aquí vale la pena es la poco conocida playa de Om, uno de esos paraísos de postal con los cocoteros al borde del agua y las puestas de sol más asombrosas.

Me dirijo a los famosos y salvajes Ghats Occidentales, cadena montañosa que atraviesa India de norte a sur a lo largo de 1600 kilómetros, desde el río Tapti hasta Cabo Cormorín. La ruta asciende unas colinas selváticas, frondosas, exuberantes de lianas, palmeras y robles.

miquel viniendo templo belur

El templo Chennakaesva de Belur es rico, ornamentado, alto y magnífico. En la fachada no queda hueco libre entre tanta escultura de fascinante detalle. Obra maestra del siglo XI, construido por el rey Vishnuvardhana para glorificar la victoria de la dinastía Hoysala sobre el enemigo Tamil. Mirándolo parece imposible que los mismos que levantaron esta maravilla sean los que empuercan su propio país sin ningún remordimiento. Si hay una causa planetaria digna de apoyo es convencer a la humanidad de que la basura no es un objeto decorativo.

detalle templo belur 2

Se extiende ante mí una planicie de cocoteros y vacas sueltas. Algunos bueyes tiran de carros. Tienen unos largos cuernos pintados de colores. Hemos entrado en el Estado de Tamil Nadu. La entrada en su capital, Chennai, es devastadora. Plena hora punta, calor y desorientación. Al final consigo llegar al mar. Sigo la línea costera. La playa es inmensa, plana y ancha. Encuentro hotel en las cercanías de la Basílica del apóstol Santo Tomás, muerto aquí en el año 52. Mi objetivo ahora es Nepal, a más de 2500 kilómetros.

camión empotrado

“Por favor”, pensé al ver aquel voluminoso objeto en el asfalto, “que sea una mierda de vaca y no una piedra”. Me había despistado solo medio segundo pero a la velocidad que circulaba, no más de ochenta y cinco por hora, me resultaba imposible esquivarlo o frenar. Tenía que pasar por encima. Si era un terrón de barro y guijarros o una roca, estaba acabado. Afortunadamente, era mierda.

moto india

Llevo ya más de un mes aquí y he aprendido a odiar este país por los grandes detalles como la basura, la polución o el tráfico, pero también por los pequeños, por la convivencia día a día con los indios. Inmediatamente te rodean y te someten a un interrogatorio de consumo, precio y velocidad. ¿Cuánto consume, cuánto cuesta, cuánto corre?

sandokan mirando moto

Calcuta es enorme, la divide el río Hugli. Cruzo un largo puente y localizo un hotel barato. La comida arde. Protesto, el camarero contesta que adora el picante, que masca chile verde. Lo dice con orgullo, como si fuera un signo de virilidad, como si eso lo hiciera diferente. ¿Diferente a quién? Todos aquí aman el picante.

tres en royal enfield

Si alguna vez tienes la tentación de pensar que has visto lo peor de algo, de cualquier cosa, que el desastre padecido es imposible de superar y que de ahí en adelante solo se puede ir a mejor, el destino te pegará tremenda patada. Estoy en Bengala occidental y hoy está siendo sin duda el peor día de mi vida como motorista. Pero no me hago ilusiones, seguro que mañana hará bueno lo vivido hoy.

calcuta 1649

Calcuta no se terminaba nunca y el atasco tampoco. Circulé durante muchos kilómetros por calles atestadas de tráfico, baches, camiones, bicicletas, personas, humo. Ese humo de basura quemada que invade la atmósfera haciéndola repulsiva. India es también eso. La dictadura de los olores. De los mejores perfumes, el incienso y la comida, se pasa al de los vertederos o las letrinas sin solución de continuidad. No hay un momento de descanso. En India huele siempre a algo, sea horrible o maravilloso.

carromato

Entonces me di cuenta. Había salido de Calcuta hacía tiempo. Lo que yo tomaba por calle atestada era en realidad la carretera. Lo que creía que era ciudad era despoblado. El despoblado más poblado del planeta. Me esperaban trescientos kilómetros de travesía luchando con conductores que la tomaban por autopista. Ni un solo tramo ha sido despejado, ni un solo segundo de relajación.

camino niebla y carro paja

Jamás he visto nada similar, irracional y pasmoso incluso para India. Con un asfalto hecho trizas y doscientos cincuenta personas por kilómetro, el día ha sido demencial, surrealista, incomprensible. Los vehículos pesados zigzaguean para evitar los baches y los pequeños se arrojan a los arcenes si les da tiempo. Los humildes pasajeros que viajan sobre estos coches desbocados saldrán disparados hacia una muerte segura al más ligero golpe.

veinte en tuk tuk

He visto que dos camiones iban directamente el uno contra el otro. La colisión era inevitable. Se oía el traqueteo que sus piezas de metal hacen al rodar sobre los baches a toda velocidad. En el último momento ambos han conseguido frenar y se han detenido a escasos centímetros uno del otro. He observado a los conductores respectivos esperando alguna reacción violenta, pero ni se han mirado. Han dado marcha atrás para maniobrar y seguir cada uno por su camino. Ni una pérdida de tiempo en discutir o en reprochar. ¿Para qué?

tipo

Y entonces se hizo de noche y de la oscuridad nació el más inmenso embotellamiento de camiones que nunca haya visto. Intento encontrar hueco a pesar de mis anchas maletas. Ora por el arcén, ora entre ellos, ora por el borde de la carretera. Los últimos quince kilómetros son una ruleta rusa. Llego a Malda, la segunda ciudad en importancia de Bengala Occidental.

tipo 2

La habitación del hotel es cutre, hace frío y el ambiente general es sórdido. Otro agujero sin glamour. Estoy molido, triste y desanimado. En días como hoy es cuando me pregunto por qué hago esto. Da igual la respuesta que me dé porque estoy aquí, en el culo del mundo y aunque no me gusta me tengo que aguantar. Mi trabajo ahora mismo es sobrevivir y escapar. Ya no se trata de los exploradores, el libro, los vídeos o el Facebook. Mi cuerpo aguantará y mi cerebro resistirá porque saben que la misión es salir con bien de esta.

web difusa niñas con sari claras

Hay algo de locura en meterse voluntariamente en el infierno, pero en situaciones así todo se simplifica enormemente. No tengo a quien acudir, no hay solución alternativa, ningún teléfono mágico al que llamar. Dependo de mí, de mi sangre fría y mi tesón. Ante el abismo me crezco porque de nada sirve desesperarme, llorar o maldecir. Ya me ha pasado antes. Me convierto en superviviente. Mis sentidos se afilan y siento menos cansancio, dolor, miedo o preocupación.

carro saco ropa

Despierto a alba. Salgo pronto bajo un cielo plomizo y ominoso. Sin el sol, esto es solo mugre, barro y polvo. El GPS se desorienta y no encuentra el camino. Estos mapas no son muy modernos y las obras o los desastres los convierten en inútiles. Ya no soy donde estoy. Los paisanos asienten. “Se va por ahí”, me dicen, por un camino de cabras que no se sabe lo que puede alargarse. Lo cojo y se alarga nada menos que 100 kilómetros sin asfaltar.

atasco frontera desde moto

A sesenta kilómetros de la frontera sobrevuelo las irregularidades y adelanto a todo el mundo. Cuando consigo llegar a la linde son las tres de la tarde. He batido un record. 300 kilómetros indios en siete horas. Me voy superando. El paso fronterizo es caótico, congestionado y ruidoso. Cruzo el puente, me recibe una gran puerta blanca con torres y cúpulas y estoy en Nepal. Siento un infinito alivio. He escapado con vida del terror Indio. Aborrezco ese tráfico pero no me quejo de la experiencia. Mañana estaré en Katmandú y veré los Himalaya. Solo por eso ha valido la pena.

Anuncios
Categorías: 100 Países en Moto | Etiquetas: | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: