100 países en moto por orden alfabético. Nº31 Grecia


islands and biker

Grecia es un país oriental. Quizá el problema que ha vivido estos últimos tiempos ha consistido en que los burócratas de la Unión Europe han esperado de Grecia que se comportase como un país occidental. Pero eso no es posible. Grecia no es Occidente, ni cultural ni histórica ni geográficamente. Está al extremo sur de la Península Balcánica y lindando con Asia Menor. Y el que sea un lejano y exótico país oriental es lo que la hace tan atractiva e interesante.

He estado varias veces en Grecia. Muy recientemente en mi ruta a Armenia Operación Ararat para hacer la serie de TVE, también en 2013 en mi Ruta Embajada Samarcanda. También estuve en 2010 en la isla de Corfú, a la que llegué desde Albania, viaje contado en el libro Europa Lowcost.  Pero para este post voy a recuperar el relato de la primera vez que estuve en Grecia. Fue en 2009, al final del viaje por Asia Central y Oriente medio contado en el libro La emoción del nómada. Pero ese libro terminaba en Belén, Territorios Palestinos. No conté en él mi itinerario de regreso. De Haifa fui a Chipre, de Chipre al sur Turquía y desde Izmir, salté a la isla griega de Kíos. Ahí precisamente retomo el relato que sigue ahora.

peloponeso beach

El hotel Kardamila es un lugar mágico y apacible. Siempre hay gente en la terraza o en el salón y es imposible discernir quien es empleado, cliente, amigo o familiar. Cualquiera de ellos aparece como personaje idóneo para una novela sin final. Griegos de rostros marcados, inolvidables. La mayoría son personas de edad que dejan deslizarse el verano sentados ante las mesas que dan al mar.

molino kios

El mar de Kíos es de un azul plata que intoxica de pereza. El hotel está al norte de la pequeña bahía y desde cualquiera de sus veladores se contemplan sus dos extremos queriendo alcanzarse. En el meridional hay un pequeño molino blanco asomado al mar. La isla está llena de esos molinos chaparros y simpáticos con las aspas desnudas de telas. Nadie necesita que giren pero siguen ahí, inmunes a la impaciencia como cualquier otro habitante de Kios.

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Todas las agencias de viajes dicen que los barcos al continente están completos. El auténtico dealer en Kios es Victor, el dueño de la agencia de viajes del puerto. Consigue lo que los demás no pueden. Es él quien puede hacerte salir de la isla. Cuando llego, me vende un billete para el Pireo en cubierta.

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Como en Tassos, una taberna griega estupenda en la carretera al sur.A las 9 voy de nuevo al puerto ha hacer cola para embarcar en el Lissos, un ferry enorme de Anek Lines. Hay una multitud infinita esperando, también varias motos, casi todas griegas y alguna italiana. Sale una marabunta del barco en cuando abren la bodega y entra otra. La muchedumbre se desperdiga intentando conquistar el mejor sitio donde extender el saco y plantar el campamento. Pronto el navío parece un campo de refugiados, una nave de rescate de damnificados de algún siniestro. Hay gente tendida en los pasillos, en los salones, en cualquier rincón. El Lissos va lleno a rebosar.

lissos

El pasaje es una caricatura. Personajes excesivos y evidentes. A mí me parece una travesía en ferry griego. Encantadora y nada decepcionante. Luego voy a dormir a mi cabina mientras la noche se agazapa sobre el Mar Egeo.Llegamos al Pireo a las 7. La salida es infernal. Un tropel de seres humanos cansados quiere abandonar el barco por un estrecho pasillo. Es el prójimo en estado puro.

joroña

 

Enlatados en la masa, somos transportados sin voluntad como moléculas de un líquido espeso que avanzaran ciegas hacia el sumidero. La corriente se detiene en los obstáculos y recodos pero la marea es fuerte y cualquier resistencia inútil. Aunque no quisiéramos salir, aunque fuéramos tímidos y nos diera apuro adelantar a este o aquel o meterle el codo en la barriga, saldríamos por el orden aleatorio que decide la teoría del movimiento involuntario de una multitud apretujada.

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Lo mismo ocurre con las motos, apelmazadas hasta no dejar un milímetro libre, parece imposible que salgan. Pero salimos. Imposible la apatía. Tirarían la moto al mar para dejar paso al resto de fieras. Un conductor tarda más de la cuenta y ya estaban empujando el coche entre cinco moteros impacientes.

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Atenas. Después de tanta historia truculenta sobre su antipatía y su dificultad circulatoria, me resulta una ciudad como otra cualquiera. Grande pero preguntando se llega a todos sitios. Me indican y en un instante llego a la Acrópolis a las 8 de la mañana. Justo cuando abren. Ya hay millones de grupos de millones de personas, pero aun habrá más y hará más calor. El sitio es alucinante aunque hay mucha reconstrucción tardía. Incluso las mejores piezas como los frisios del Partenón son copias, los originales están en el museo. Hay muchos perros con collares rojos. Duermen tranquilos entre la jauría humana. Es curioso, es como si fueran empleados del lugar.

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El paseo por la ciudad la revela ordinaria y animada. Es como cualquier urbe española. Tras un momento de dificultad, encontramos el camino a Thiva y de ahí a Delphi o Delfos. Visito las ruinas sobre la montaña y como en el restaurante que hay nada más entrar en el pueblo. Todo está bueno pero un poco peor que en Kios. La ruta es larga pero preciosa. Vamos por la orilla opuesta al Peloponeso. Nos detenemos en una cala a tomar un frappe. El camarero no entiende una palabra de inglés y me echa una bronca fenomenal.

adriatic sunrise

En la playa hay dos mujeres gordas quitándose una a la otra espinillas de la cara. Me recuerdan a dos monas expulgándose. El tiempo pasa despacio. Al fondo se ve el gran puente de Patras. A partir de ahí habrá más tráfico pero por fin nos desviamos hacia Ostakos. El pueblo es un rincón escondido de Grecia frente al mar. Sólo hay un hotel, el Stratos, 50 euros la noche con desayuno. Hay wifi en el café de al lado. Ceno por 10 euros en una terraza enfrente del mar. Un grupo de aficionados destroza canciones de Los Stooges al otro lado de la bahía. No hay multitudes, ni tenderetes, ni urbanizaciones ni mal gusto. Sólo gente griega normal y unos precios razonables. La gente va sin casco. Si te matas es tu problema pero el estado no asume la misión de defenderte.

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Me gusta Grecia. Es como podría ser España si no pretendiéramos ser más europeos que los europeos siendo como somos unos africanos. El camarero del hotel es sijk. Pero lleva el pelo corto, va afeitado, y no tiene espada. Es un joven moreno y bien parecido. Es un buen tipo que no sabe que España tiene már. Tiene una curiosa teoría acerca de la crisis. Según él hay demasiados musulmanes viviendo en Europa. “Es gente que no gasta, me dice. Ellos ganan dinero pero lo guardan. Usted viene a un hotel y gasta, mueve el dinero, hace que otros ganen, así se progresa, pero ellos no gastan, no van a restaurantes ni a discotecas. Ellos lo guardan todo y así no se progresa”.

Al día siguiente me regalará el agua embotellada. Es curioso como hay gente que se cae bien y gente que se odia solo con mirarse. El sijk y yo somos amigos casi sin haber hablado.

Puedes pedirme los libros dedicados en info@miquelsilvestre.com

cubierta Europa Low Cost - Miquel Silvestre

FAJA diario de un nomada-2

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