100 países en moto por orden alfabético. Nº29 Alemania (Germany)


 

 

german border and family mafiaAlemania aparece en el puesto 29 de esta lista de 100 países ordenados alfabéticamente porque prefiero seguir la organización de Naciones Unidas  usando sus nombres ingleses. Con una excepción, metí Estados Unidos en la E en lugar de la U porque me resultaba raro que un país tan grande esperase hasta el final de la lista para aparecer. Hay otra razón, y es que la lista es mía y la organizo como me da la gana. Pero al grano, es el turno de Alemania, otra gran nación europea que he recorrido ya varias veces.

El siguiente texto forma parte de mi libro Europa Lowcost, en el que usé un sistema para recorrer todo el continente solo en fines de semana y sin pedir vacaciones. Conducía la moto de viernes a domingo desde un aeropuerto europeo a otro, la aparcaba durante la semana y el siguiente viernes regresaba en un vuelo barato para hacer otra etapa. Así recorrí 17.000 kilómetros en 4 meses del verano del 2009. He aquí parte de la etapa alemana, que empezaba en Berlín. Había llegado la semana anterior de hacer el tramo desde Viena con mi madre de paquete, por eso aparece en la foto de la puerta de Brandemburgo. Si te interesa conocer la peculiar peripecia junto a mi madre y no quieres comprarte el libro la puedes leer en este reportaje publicado en El País.

brandemburg tor

Regreso a Berlín. Easy Jet sale desde la Terminal 2 del aeropuerto del Prat, reservada para los vuelos baratos. Eso hace que esté casi vacía de gente. Sigue siendo una buena instalación con tiendas y comercios pero sin apreturas. También dispone de parking gratuito para motos. El vuelo despega con media hora de retraso. Me siento en la primera fila, en el asiento del pasillo. En la ventanilla se sienta una española delgada y atractiva. Cuando llevamos una hora volando y nos hemos leído todo lo que llevábamos, entablamos conversación. Vive en Berlín, tiene una tienda de ropa, lleva un par de años aquí. Lo más importante es que me da información precisa de dónde está lo que queda del muro y de los barrios alternativos del éste y oeste más pujantes.

Aterrizamos. La moto está en su sitio. Llego a Berlín al atardecer y recorro los restos del muro convertidos en museo al aire libre. El GPS me lleva por una ciudad de urbanismo industrial, moderna, funcional, de calles anchas y manzanas rectangulares. Regreso al hostel de la última vez que estuve aquí.

berlin plus hostel

Me siento en la terraza. Un ruidoso grupo de transalpinos parlotea y ríe a mi espalda. ¿Para qué venirse a Berlín si al final acabas rodeado de compatriotas? Al fondo hay una mesa con un grupo de jovencísimos ingleses. Beben sin mesura. Uno de ellos besa a una chica. Sus gestos demuestran que es un ligue reciente. La vida y su efervescencia. A mí lado preparan una mesa con cuatro cubiertos. Aparece un grupo curiosos, tres mujeres y un tío. Todos italianos menos una de ellas, que es inglesa y gorda. No cuenta. Está claro que el negocio se consuma entre el varón y una de las italianas, delgada y más estilosa.

Él parece uno de esos subnormales con ínfulas de pijo moderno: gafas de pasta blanca, melenita de seta y ademanes de experto en cualquier aspecto de la vida. Ha elegido el menú, que les sirven sin haberles dejado la carta. Es obvio que invita él. Las dos carabinas aprovechan para desaparecer después de los primeros platos. Como siempre, van de dos en dos al baño. El papanatas se queda solo con la presa, que todavía no ha caído, pero caerá. La observo detenidamente y me doy cuenta de que es más mayor de lo que trata de aparentar. En cualquier caso, es más mayor que él. Sabe perfectamente a qué está jugando. Aún da el pego de princesita treintañera, pero esa ilusión tiene los días contados. Ha comenzado la cuenta atrás y lo sabe. Se da perfecta cuenta de que su pretendiente es un cretino pero a estas alturas de la vida, que tiene ya asumido que la vida ya solo puede ofrecerle cretinos. Y así de crudas las cosas, de modo que mejor un cretino que al menos pueda pagar una buena cena.

berlin japanese wall

Cuando me acuesto oigo el rumor de una conversación de chicas en el pasillo. Alborotan mucho pero estoy tan ebrio y cansado que me muero dulcemente en la cama sin sábanas. Despierto varias veces por la noche. La doble ración de anchoas me da una sed terrible. Además, enfrente de mi cuarto hay un after. El chunda chunda atruena toda la noche pero el calor es tal que obliga a abrir las ventanas. Al amanecer, los ojerosos espectros aún pasean de aquí para allá. Un grupo de ebrios muchachos aún trata de levantar la última fémina en pie. No hay conversación ni ingenio, no les queda cerebro disponible, pero sí instinto. Casi a las bravas, uno de ellos intenta llevársela puesta tirando de sus manos (es un gesto que veré alguna vez más), pero sin resultado. Ella, que tiene más conchas que un galápago, se escabulle con agilidad mórbida. Cuando salgo a correr y veo el desfile de pálidos fantasmas, me doy cuenta de que Berlín es también la fiesta. Es como el Londres asequible y divertido de hace 20 años donde recalaban todos los jóvenes golfos e inquietos de Europa.

berlin museum

Voy a la Isla de los Museos. Situada en una isla del río Spree, constituye un asombroso conjunto museístico que contiene museos tan ricos como la Galería Nacional, el Bode, la Galería James Simon, y el que quizá sea más conocido de todos: El Pérgamo, construído ex profeso para albergar las babilónicas Puertas de Ishtar. Inaugurado en 1930, el enorme complejo es perfecto ejemplo de una época eurocéntrica que otorgaba a Occidente derecho a tutelar Oriente. También a llevarse sus tesoros. Entonces se pensaba que en un museo estarían mejor protegidos. Y también que franceses, ingleses o alemanes, en cuanto que ciudadanos civilizados, merecían disfrutar de ellas más que un pastor nómada.

me in berlin

Sigo el curso inverso de la ofensiva rusa por estrechas carreteras con árboles en los arcenes, tan altos y frondosos que construyen un túnel vegetal. Este fue el mismo camino que siguió el Ejército Rojo para invadir Alemania. La resistencia que encontraron fue desesperada. Los alemanes tenían pánico a los soviéticos, sabían que la represión sería brutal. Los desmanes de los soldados rusos en su avance no se quedaron muy atrás a los perpetrados por los nazis.

berlin battle museum

Seelow, casi en la frontera con Polonia. Hay un pequeño museo conmemorativo. Apenas unas armas y uniformes, y un video pacifista que trata de hacer comprender la barbarie y que lo único que logra es deprimirme. Aquí tuvo lugar una crudelísima batalla. El combate decisivo por proteger el último río que frenaba la marea roja. Traspasado el Oder, nada detendría al invasor. La madrugada del 16 de abril, más de veinte mil piezas artilleras rusas trataron de borrar la pequeña población del mapa. A pesar de la lluvia de fuego, les costó dos días romper la resistencia alemana. El 30 de abril, con la estrella roja en el centro de Berlín, Hitler se suicida.

Todo sucedió en un pasado demasiado reciente y fresco como para no sentirse emocionado al recorrer estos escenarios que nos deben recordar siempre el grado de salvajismo que alcanzó no hace tanto la tan civilizada y culta Europa.

german building bike

Me dirijo al Oeste. Dirección Hannover. Hace un calor inaudito y la autovía es interminable. Intento escapar. En una gasolinera encuentro a un tipo en una CBR de las primeras. Me recomienda que vaya a dormir a una pequeña ciudad cuyo nombre no seré capaz de recordar mañana. Le hago caso; no es un capricho, seguir las indicaciones de los desconocidos me suele traer agradables sorpresas. Así ocurre de nuevo esta vez. Ordenado el nuevo destino, el navegador me mete en bosques y colinas, en campos de trigo tan amarillo como el sol.

golden germany

En medio de la floresta el frescor es un puro gozo. Dejo que el paisaje se inyecte en mis retinas y penetre hasta mi alma. Las horas pasan y no me pesan. Es lo delicioso del viaje en moto, cuanto más revirado es el camino y más largo se hace, más intenso es el disfrute. El verdadero milagro del mototurismo es que mientras uno conduce no hace nada más y nunca se piensa que se está perdiendo el tiempo.

german sunset [1600x1200]

A doce kilómetros del lugar indicado, cruzo un río por un puente de hierro y veo en la orilla del cauce un grupo de casitas rojas. Al superar el obstáculo veo que uno de los edificios es un hotel. Bajo el puente hay un grupo bañándose con un perro. Intento posada en tan pintoresco lugar. El dueño me mira raro, con algo de desconfianza ante el repentino visitante extranjero. No obstante, asiente, tiene habitación. 45 euros. Pago por adelantado y se relaja algo. El cuarto es correcto aunque anticuado. Tiene un pequeño balcón. Recojo el equipaje y al ver mi moto, entienden lo desaliñado de mi aspecto y mi cansancio. Inmediatamente abandona su prevención y se torna pura simpatía. Su mujer prepara salchichas Frankfurt y ensalada de patata. Cerveza Maisel´s, fresca y sabrosa. Mientras ceno, me acompañan y hablamos de cosas sencillas, como de lo secos que están los campos de remolacha este año.

Puedes pedirme dedicado Europa Lowvcost en info@miquelsilvestre.com

cubierta Europa Low Cost - Miquel Silvestre

 

 

 

 

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