100 países en moto por orden alfabético. Nº27 Francia.


 

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¡Francia! He cruzado tantas veces ese país que ni me acuerdo. Siempre está en medio, como un jueves. Donde quiera vayas que no sea a Marruecos o a Portugal (o a Italia en Ferry), siempre está ahí Francia, uno de los países europeos más grandes y diversos. He visitado el norte, el sur, el oeste, el oeste y el centro. Sus grandes ciudades y sus más pequeños pueblos. Así que no era fácil escoger la historia para el post que correspondía a tan gran nación. Entonces pensé “¡Qué diablos! ¿y si pongo el relato de la primera vez que entré en Francia en moto?” No fue difícil hacerlo porque yo escribo todos mis viajes, así que pronto rescaté el relato de aquella aventura, que tiene la particularidad de haberlo hecho con una K1200 R y no con una GS 1200. Yo entonces aún tenía dinero, ganado en mi anterior profesión, estaba soltero , así que me había comprado dos motos. He aquí la crónica de aquel primer viaje recién liberado del despacho.

 

Mi excedencia tiene como destino final Irlanda. Los motivos para elegirlo fueron que es un buen lugar para perfeccionar el inglés, que hay cinco o seis millones de habitantes frente a los setenta de Gran Bretaña y que son católicos, y supongo que eso debe formar un fondo cultural más similar al nuestro que la tradición protestante. Mi plan es ir en moto y conocer aquello durante la única época en que el tiempo sea soportable: en verano. Elegido el destino hay que decidir el modo de llegar con vehículo propio. Existen dos rutas posibles. Bien por Santander hasta Plymouth y luego hacer 400 Km por Inglaterra hasta el puerto de Fishguard para desde allí arribar en ferry a Rosslare, o bien atravesar Francia de Norte a Sur hasta Roscoff, en Bretaña, donde hay una línea de Irish Ferries hasta Irlanda. Me decanto por éste último camino, que en mayo se me antoja menos húmedo y más atractivo que atravesar la pérfida Albion. Aprovecharé para pasar por Le Mans durante el Gran Premio de Motociclismo. Y seguro que me sirve para beber buen vino, una de mis debilidades junto a las motocicletas y la literatura.

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El lunes doce salgo de Madrid a mediodía con la moto cargada hasta arriba. Mi humor es bueno y tengo ganas de viajar. Dormiré en Jaca y me tomaré el plan de ruta con calma: tengo cinco días para atravesar Francia de norte a sur. En Guadalajara cojo la desviación hacía Jadraque. No me gustan las autovías para viajar en moto. Ha llovido durante los últimos días y el verde de los campos es intenso. El humor mejora con cada curva. La carretera es muy agradable, los pueblos aparecen desiertos, apenas hay coches y el tiempo es bueno. En la provincia de Soria enlazo Almazán, Agreda y Ólvega antes de entrar en Zaragoza. Me detengo a comer un bocadillo en Tarazona, de donde he sido registrador interino durante casi año y medio. Dejo Tudela a mi izquierda. Camino de Ejea de los Caballeros atravieso el Parque Nacional de las Bárdenas Reales. El Canal corre tan caudaloso como mi felicidad por saberme libre.

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En Ejea no cojo la vía más directa, sino que me aparto un poco para atravesar Sos del Rey Católico. Los paisajes de esta zona son de una hermosura tranquila y apacible. La imagen del pueblo medieval impresiona a la izquierda de la carretera. Enlazo con la nacional que va de Pamplona a Jaca, atravieso el pantano y empieza a llover. No me preocupa, la ropa es buena y la moto estable. Sin embargo, a veinte kilómetros de mi destino, en una curva sencilla, la rueda trasera patina y salgo despedido contra el quitamiedos del otro lado. El golpe es brutal. La moto chirría, escupe chispas y queda tendida y rugiendo. Quedo aturdido y magullado. Mi viaje ha terminado antes de empezar.

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La mala suerte hace que la maleta con el portátil salga volando y caiga en el río. Me llevan al hospital. La espera para unas radiografías y analgésicos se me hace eterna. Afortunadamente, no tengo nada roto. Llamo un taxi para ir al hotel. Estoy molido. Los guardias ya han llevado mi equipaje. Ceno solo y triste, mi abatimiento es tan duro como el entrecot con el que me peleo sin hambre para recuperar fuerzas. Al día siguiente despierto como si me hubieran dado una paliza. El dolor de las costillas es intenso. El hombro también se queja. Alquilo un coche y voy hasta Huesca a comprar un portátil, un modem inalámbrico y a preguntar si me pueden arreglar la moto antes del viernes para poder seguir mi viaje.

En una gasolinera me aborda un francés vagabundo, me pregunta si le puedo llevar hasta Huesca. Le digo que sí. Dentro del coche me dice que le han citado para papeleos y me enseña una notificación del Ministerio del Interior. Como penado debe notificar un domicilio. O sea, que he subido a un ex presidiario. Pero el tipo, salvo por la mugre que lleva encima, no parece peligroso. Me cuenta que ha pasado diez años en la Legión Extranjera.

 

 

Toscana 1 283En Huesca lo dejo en una gasolinera y me voy a buscar el concesionario BMW. La moto no la llevan al taller hasta por la tarde y no pueden decirme nada de cuándo estará. Los mecánicos me confirman lo peor. La moto está mal. No tiene arreglo en una semana y la factura prevista supera con mucho mi presupuesto para todo el mes de mayo. Abatido, decido volver a Madrid. Por la tarde arribo a mi destino y me dejo caer en la cama con el enorme cansancio acumulado en tres días negros.

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El Jueves el dolor se mantenía estable, así que decido no tomar los analgésicos. No es una buena idea. Me despierto en medio de la noche con un gran sufrimiento. El golpe afectó profundamente a toda mi anatomía pero el nolotil enmascaraba los daños. Cambio el billete de ferry del viernes 16 al viernes 23. Me voy a ir de todas formas. En España no pinto nada. Decido irme en otra moto y salgo con ella el viernes por la mañana. Conducir no me duele, pero cualquier maniobra en parado me hace ver las estrellas. Sigo la misma ruta que en el primer intento y siento una extraña y triste sensación de deja vu. El tiempo es bueno pero se nubla al poco rato y llueve entre las provincias de Soria y Zaragoza.

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Al pasar por la curva maldita, reduzco la marcha y contemplo con aprensión la marca en el asfalto que dejó mi querida montura. He reservado habitación en una pensión de Jaca, pero no me siento muy cansado cuando entro en la ciudad y decido continuar hasta Francia. Subo los Pirineos otra vez con buen tiempo. Estoy disfrutando de nuevo. Atravieso el túnel de Sonmport y al salir estoy en suelo francés. Está lloviendo. Me detengo junto al cartel y le hago una foto a la motocicleta cargada de bártulos. Desciendo la montaña y me meto en el valle. El paisaje es brumoso pero espectacular. En Oloron-St-Marie, a unos veinte kilómetros de Pau, decido para a dormir en el primer hotel que encuentro. No es una maravilla, pero resultará el mejor establecimiento de todos los que voy a visitar en territorio galo. La cena es de diseño, no me gusta demasiado, pero el vino es bastante bueno. Consumo una botella entera que junto a las medicinas hace que me entre un sueño maravilloso. Me acuesto cansado y dolorido y me quedo dormido al instante.

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El domingo despierto en Francia. Sólo eso hace que ya me sienta bien. Después de tomar un café decido salir a correr. Llevo casi una semana sin hacer ejercicio y eso me está afectando. Mi humor se vuelve agrio. Al empezar a trotar, es como si veinte enanos me dieran patadas en el costillar. Pero aun así no me detengo, puedo ser muy burro cuando me lo propongo. Media hora después regreso al hotel molido pero feliz. Desayuno abundantemente, con hambre sana y voraz, y trabajo en la habitación con el portátil durante un par de horas. A las doce, pago la factura, armo la moto con toda su impedimenta e inicio la marcha hacía Pau en busca del circuito de velocidad Paul Arnos.

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El país es enorme y muy verde. Al llegar a la ciudad, pronto me doy cuenta de que va a ser difícil encontrar las cosas. Esta gente apenas habla inglés, no entienden o no quieren entender el español y las indicaciones se me antojan incomprensibles cuando no directamente erradas. No tengo muy buen sentido de la orientación pero me doy perfecta cuenta de que el joven argelino al que pregunto me está dirigiendo en un sentido totalmente equivocado. En una gasolinera me indican mejor, pero me llama la atención una orden escrita sobre el surtidor: los motoristas deben quitarse el casco para servirse gasolina. Luego me enteraré de que es para que las cámaras de seguridad puedan grabarles el rostro.

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La gente aquí es bastante respetuosa con las motos. La mayoría se aparta a la derecha para dejarlas pasar y mantiene una distancia de seguridad prudente. Es un país que tradicionalmente ha tenido una gran afición al motor. Hay circuitos por todas partes. Sin embargo, las gasolineras no abundan. Y como ocurre en Italia, sus horarios no son continuos. Muchas cierran al mediodía y los fines de semana. Las que anuncian que están abiertas 24 horas es porque tienen un sistema de pago con tarjeta que no funcionó con las mías. Una vez que estuve apurado y no encontré más que una de éstas, me quedé esperando a que llegara un cliente para pedirle el favor de que pagara él con su tarjeta que yo le abonaría en metálico. La idea funcionó con un conductor que hablaba un buen español ya que era hijo de inmigrantes. El amabilísimo Monsier Urraca era chocolatier, conducía un caro mercedes benz todoterreno y quería comprar casa en La Escala, en Cataluña. Me dijo que él también había tenido moto pero que ahora era abuelo y debía tener cuidado. Nos deseamos suerte mutua y me indicó la dirección a seguir.

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Después de muchas vueltas, encuentro el circuito de Paul Arnos bastante retirado del núcleo urbano, en medio de una preciosa y bucólica campiña. No hay motos, hoy celebran unas pruebas de camiones. Es espectacular y algo grotesco ver las cabezas tractoras lanzadas a 160 por hora. Asiste bastante público.  Hago unas fotos y cojo pista otra vez. Pero me confundo de dirección, en lugar de ir directo hacia Auch, me dirijo por error a Burdeos. Cuando me doy cuenta, ya cerca de Mont de Marsan, en St Server tomo hacía la derecha por una comarcal que va hasta Nogaro y que me revela la grandiosidad de los parajes rurales de por aquí y una cosa que ya no existe en España: las carreteras flanqueadas de árboles frondosos. De acuerdo, son peligrosas, pero tan bellas que uno las echaba de menos. Tendré oportunidad de hartarme hasta conseguir llegar hasta Galway, mi destino en Irlanda. Pero para eso aún me quedan 3000 kilómetros y un viaje en barco atravesando un mar con fama no precisamente de calmo.

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Vídeo de un viaje muy posterior, con bastante más experiencia

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Categorías: 100 Países en Moto | Etiquetas: | 1 comentario

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Un pensamiento en “100 países en moto por orden alfabético. Nº27 Francia.

  1. Me pasó que en Francia era mas facil comunicarme en “franceñol”, que en inglés. Lo mismo con franceses que me encuentro viajando por acá. Saludos

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