100 países en moto por orden alfabético. Nº23 Estonia


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Estonia junto con Lituania y Letonia es una de las pequeñas repúblicas Bálticas que consiguieron independizarse de Rusia tras el colapso de la URSS. Actualmente las tres son miembros de la Unión Europea aunque mantienen una herencia socialista todavía muy visible. Las recorrí durante mi vuelta al mundo en moto Ruta Exploradores Olvidados en el año 2010. Había viajado a Cabo Norte por Noruega y Suecia. El descenso al sur lo hice por Finlandia. El siguiente texto formará parte del libro que cuente esa particular vuelta al mundo de 18 meses.

Helsinki está a solo 400 kilómetros. Salgo a correr por el río y cuando regreso dispuesto a desayunar, la empleada del hotel me dice que ya está cerrado el bufet, que lo tienen abierto hasta las 9. Le digo que son las 9 menos cuarto y me contesta que no, que son las 10 menos cuarto. Coño, he perdido una hora y no me he enterado. Afortunadamente, se apiada de mí y me saca algunas viandas sencillas pero suficientes. Cereales y fruta y algo de pan con mermelada.

Hace calor en la carretera pero el tráfico es intenso. Se terminó ya toda la libertad del Ártico. Ayer cuando crucé la frontera en Rovaniemi y dejé atrás la casa de Santa Claus, ingresé de nuevo en el bullicio y las prisas y la gente. Sobre todo al tocar el Golfo de Botania. Así pues, me armo de paciencia y sigo y sigo hasta que al final diviso Helsinki. Pero no veo nada de interés y voy hasta el puerto. Allí me dicen que hay ferries constantemente.

Curioso, la terminal dispone de wifi gratuita. Consulto los hoteles en Helsinki y en Tallin. Los de tallín cuestan la mitad. Así que decido ir a Estonia hoy mismo. Miro a mí alrededor y es evidente que las dos orillas son vasos comunicantes de la pobreza y el desarrollo. Las repúblicas Bálticas son pobres, exportadoras de trabajadores, de tipos de aspecto rudo y pendenciero, y de mujeres guapas y rubias. El alcohol, las putas, el tabaco, la gasolina, todo cuesta más barato en Estonia, cuya capital, Tallin, está a dos horas de barco. 85 kilómetros que separan dos mundos, como ocurre con el Estrecho de Gibraltar o el Río Grande, pero aquí no hay migra ni policía de frontera ni guardias civiles porque las dos orillas pertenecen a la Unión, pero mientras el salario medio en Finlandia supera los 2000 euros, en Estonia no llega a 500.

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El billete en el ferry rápido cuesta 60 euros para mí y la moto y a bordo hay wifi. Salgo a cubierta a beber una cerveza. Las nubes lucen blancas sobre el golfo. Un fuerte viento me sacude la modorra. Pronto llegamos a Tallín, una nueva promesa que pronto comprobaré en qué se materializa.

El hotel de Tallin era impersonal, aunque confortable, pero los problemas con Internet me desesperaban.  Cometí el pecado de comer y beber en el restaurante del hotel, no era caro, tampoco barato, pero era soso, ni fu ni fa, simplemente comer y beber. Al día siguiente preferí comprar la comida en el supermercado y entonces me di cuenta de lo barato que es el país. Estuve recorriendo la ciudad vieja de Tallin porque la nueva no parecía ofrecer mucho interés. Edificios nuevos, altos, relucientes, acristalados junto a viejos, oscuros y decrépitos cadáveres del pasado socialista.

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El centro histórico está remozado y atrae muchos turistas. Lo circunda una muralla medieval reconstruida. Está bien, pero no me entusiasma en absoluto. No es especialmente bello ni atractivo. Parece que juega la baza simple del precio irresistible. He oído hablar español a unos turistas así que supongo que hay algún enlace con vuelo barato a Madrid o Barcelona.

Salgo de viaje, el país es tan pequeño que lo atravesaré hoy mismo. No me atrae nada de lo que veo. Hay los mismos bosques que en Finlandia y la misma planicie arbolada. Si Finlandia ya me aburría esto me duerme. Pero algo cambia. Hay policía. No he visto apenas policías en Escandinavia, aquí es muy diferente. Los he descubierto con sus pistolas láser para detectar excesos de velocidad. Son una plaga en todo el mundo hay estos aparatos. Sospecho que la verdadera razón de que haya tanta policía es recaudar algo de dinero para el deficitario estado estonio.

Cruzo la frontera sin dificultad y ya estoy en Latvia. A ver si este país es más interesante porque salgo de Estonia sin apenas haberme manchado.

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