Manual de aventura que nadie se atrevió a escribir. El miedo, modo de empleo.


arbil peshmerga

Estoy preparando un manual de aventura en moto para contar todo lo que aprendí en estos 8 años de experiencia viajera. Nadie me lo enseñó, adquirí la experiencia a ciegas a lo largo de 100 países. Hasta ahora he escrito cinco libros de viajes, he hecho una serie de televisión, he publicado centenares de reportajes pero nunca me había atrevido con un manual técnico, con consejos y enseñanzas prácticas. Pero creo que ninguna praxis se puede aprender si no se entiende la esencia, el fundamento de aquella ciencia que tratamos de conocer y aplicar. La ciencia del viaje no depende tanto de si las maletas son de aluminio, plástico o textiles, sino de lo que llevamos en el alma para afrontar la prueba que supone el viaje. Por eso este manual no se ha escrito antes, porque además de trucos, contiene una reflexión profunda sobre los motivos y preocupaciones del viajero. Como la utilidad de su herramienta de supervivencia más importante: el miedo.

EL MIEDO, MODO DE EMPLEO

Una regla básica. Viajamos para divertiros y si algo no nos apetece, no lo hagamos. Si alguien no os cae bien, alejaos. Si un sitio no os gusta, marchaos. Pero hacedlo porque no os apetece, no porque tengáis miedo. El miedo es vuestra mejor herramienta, no abuséis de ella que se os puede desafinar. El miedo es un requisito básico del instinto de supervivencia, os alertará del peligro, os protegerá. Un animal sin miedo es un animal muerto. Los actos temerarios llevan al hospital o al cementerio. Muy diferente es el pánico. El pánico es una patología del miedo, es su inflamación febril. Quien entra en pánico también va al hospital o al cementerio. Un animal con pánico se paraliza o corre sin sentido. Demos la bienvenida a nuestro miedo pero no dejemos que se convierta en pánico.

El miedo siempre lo tengo cuando comienzo un viaje, en la tarea de planificación, mientras estoy todavía dentro de la zona de confort. Me da miedo lo desconocido, como a cualquiera. El miedo es una herramienta básica del instinto de supervivencia. Sin miedo se cometen errores por temeridad. Pero he aprendido que el miedo no se convierta en pánico y me impida hacer lo que deseo hacer. Pero una vez en marcha, cuando estás de viaje, cuando estás en otro país, en África, en Asia, en una selva, una ciudad o un desierto, el miedo a los abstracto desaparece porque estás actuando, viviendo deprisa y sin tiempo para temores inconcretos, y lo que aparece es solo la reacción instintiva y rápida a las amenazas concretas, a ese camión que viene hacia ti, a ese par de tipos que no tienen buena actitud, a la tormenta que se aproxima, a que necesitas un lugar donde dormir… vas tomando decisiones continuamente, muchas decisiones espontáneas y seguidas de las que depende tu vida y eso hace que no puedas pensar en tonterías como el miedo vago y sin un motivo claro.

Una de las mejores cosas que tiene la aventura solitaria en moto es que mucha gente se te acerca a proponerte planes, enseñarte cosas o pasar un rato contigo. La mayoría son buenos, pero otros no lo son tanto, como los policías corruptos, los buscavidas o los bandidos. Hay quien no sabe distinguirlos y por norma siempre dice “no”, y se pierde así momentos, experiencias o lugares únicos, o no sabe decir que “no”, va a todas partes y con cualquier y así se pone en riesgo sin necesidad. Lo correcto es no viajar en modo paranoia a todas horas y fiarse de la gente, pero también hay que tener una actitud vigilante y saber cuándo hay que decir sí, cuando no y cuando poner pies en polvorosa. ¿Reglas objetivas que seguir? Lo siento, no las hay. Creo que es más una cuestión de instinto que otra cosa.

Las bebidas alcohólicas, por ejemplo, son una piedra de toque. No faltarán invitaciones a tomar un trago, especialmente en la Europa del Este. Ojo con quien se bebe. Yo bebí en Bostwana o Azerbaiján con desconocidos y pasé juergas fantásticas. Pero también he tenido noches de pesadilla en las que tuve que haber dicho “no” mucho antes.

La presencia de mafias y criminales es bastante evidente en Rusia. En Rostov Na Donu, en la ribera del Don, las tribus urbanas que poblaban las calles me recordaban una de esas películas de ciencia ficción tipo Blade Runner o Matrix. Cabezas rapadas, putas y policías armados. Un escenario poco tranquilizador. Cuando llegué a Volvogrado me alojé en un hotel barato. En la cafetería había dos tipos y una chica muy joven. Bebían vodka. Me invitaron a probarlo. El vodka ruso es muy aromático y se sirve por gramos. 50 gramos es una dosis casi letal. Uno de los tipos era joven, con cara de niño, y chapurreaba algo de inglés, el otro era más mayor, con pinta de animalote, tenía un escorpión tatuado y no hablaba más que ruso. La tía era muy delgada y guapa. Bebía y reía sin parar. Al final confesaron que era una prostituta y que se lo iban a montar los tres a la vez. Me ofrecieron participar. Decliné la oferta y ellos subieron. Al poco el joven bajó y me dijo que lo que él quería era que yo me sumase. Recogí mis cosas y abandoné la habitación que ya había pagado, algo que no hubiera ocurrido si hubiera dicho “no, gracias” cuando me invitaron al primer trago. Mientras arrancaba la moto, el tipo aquel me gritaba desde el balcón que estaba cometiendo un error, que las cosas no eran lo que parecían. No fui tan idiota como para comprobar como eran en realidad.

Cuando nos encontramos en zonas de objetivo riesgo. A veces la frontera entre la precaución, la paranoía o la estupidez es muy sutil. Hay países seguros y otros que no lo son tanto, como Mauritania. No soy un temerario. Decidí cruzar Mauritania porque un motorista solitario apenas llama la atención. Recomiendan no parar y menos cuando alguien te haga señas. Yo me detuve a echar una mano a un camionero en problemas. Poco pude hacer sino darle unos cigarrillos y compartir un té. Mi instinto me dijo que no había nada que temer aunque estuviéramos en la más absoluta soledad del desierto.

Desde la frontera hasta la capital hay seiscientos veinte kilómetros y una sola gasolinera. Cuando llego, me dicen que se ha acabado la gasolina, solo les queda diesel. Tal vez mañana llegue la cisterna. Son las cinco de la tarde. No es buen sitio quedarse tirado aquí. El problema es si te quedas mucho tiempo parado en un lugar con gente aburrida a tu alrededor. Entonces das oportunidad a que los ociosos se hagan demasiadas cábalas sobre el provecho que le pueden sacar al inesperado regalo enviado por la falta de combustible.

Todos aquí saben que mi piel vale cinco millones de dólares. Después de sesenta países en solitario creo haber desarrollado un olfato especial para detectar el peligro, algo así como una sensibilidad de la supervivencia. Y en esta gasolinera siento que no estoy a salvo, que la atmósfera es hostil y que no es buena idea pasar aquí la noche. Mi instinto me dice que estoy en peligro.

Entonces oigo el ronco rugido de motor diesel. Un trailer desvencijado con los colores rojos de Coca Cola aparece del norte. El camión se detiene a repostar. En la cabina viajan cuatro mauritanos. Les pido ayuda y ellos a mí sesenta euros. Y dos besos si hicieran falta. ¿Por qué me fié de estos desconocidos y no de los otros? Pues no lo sé, sólo sé que lo hice y acerté. Cuatro horas después llegamos a Nouakchott, pagué lo convenido y pude alojarme en un lugar seguro.

A veces uno tiene tentaciones de decir que “no” y se equivocaría. Cuando entré en Irak por el paso turco de Silopi, intenté encontrar un hotel en el primer pueblo. Mientras caminaba me abordó un joven. Dijo llamarse Jan y ser cristiano. Me alojaría en su casa. Montó en la moto y cuando empezamos a internarnos en las oscuras callejuelas del extrarradio se disparó el chip de la precaución que no pocas veces puede terminar en paranoia.

Pensé con creciente alarma que a ese chico no lo conocía de nada. Me había puesto en sus manos sin tener ninguna garantía. Irak es un país objetivamente peligroso, digan lo que digan los kurdos, que al fin y al cabo son parte interesada en vender una imagen de seguridad. Sentí que no controlaba la situación, que no sabía a donde me llevaban. Me asusté.

Torcimos una esquina, abandonamos toda luz. El callejón era tenebroso y desierto. Detuve la moto frente a una cochera. Jan se bajó y llamó con toques quedos. Pensé que una vez metiera la moto, sería como si se me hubiera tragado la tierra. ¿Qué puntos de referencia tenía? ¿A quién conocía allí? ¿Quién en el mundo sabía donde estaba yo?

El portón metálico se abrió lentamente. Mi pulso se aceleró. Del interior brotó una luz eléctrica. Y también una niña. Una niña preciosa de 7 u 8 años con enormes ojos verdes y una larga coleta.

Me miró con calma aunque debía estar tan sorprendida como yo. Entonces sonrió y me preguntó “How are you?” “Estoy muy feliz de estar aquí, respondí”. Era verdad. Al ver aquellos ojos tan puros y la alegre inocencia de su rostro infantil, supe de algún modo irracional e instintivo que nada malo podía esperarme en cualquier sitio de donde ella pudiera venir.

iraki women

ES MÁS IMPORTANTE LA ACTITUD QUE LA APTITUD

Vista mi experiencia puedo decir que la clave no es conocer el idioma, no es ir con la compañía adecuada, no son las pastillas potabilizadoras, no es saber lidiar con la corrupción, no es poseer el mejor equipo, ni los documentos necesarios, ni los conocimientos mecánicos más completos, ni los mapas más actualizados. Para salir y llegar solo hay que tener la actitud adecuada y toda esa buena suerte que necesita aquel que monte en moto. No lo dudéis, es la actitud lo que nos hará superar las dificultades y no los conocimientos y herramientas que llevemos o sepamos manejar. Esa actitud se puede resumir en dos reglas básicas. La primera es disfrutar de la aventura, aun de sus aspectos más incómodos o molestos y que aquello que nos irritaría en nuestra vida ordinaria se convierta en motivo de diversión. La segunda es todavía más importante y es confiar en que sabremos encontrar solución a los problemas que se nos presenten. Puesto que es imposible preverlo todo, no se pueden tener respuestas concretas para todo. Basta con tener una única pero gran respuesta: de un modo u otro, sea lo que sea lo que pase, seré capaz de resolverlo.

Recuerdo, por ejemplo, que cruzar la frontera israelí desde Jordania me llevó casi cuatro horas. Bajé de la moto para tomar unas fotos del río Jordan y acto seguido me rodearon tres agentes del Mossad preguntándome que estaba fotografiando. Tuve que esperar turno durante un largo rato. Luego me sometieron a un interrogatorio sobre los países árabes que había visitado. Revisaron el equipaje minuciosamente, la moto la examinaron aparte. A mí alrededor los demás viajeros estaban cansados, irritados, hartos. Yo me lo estaba pasando de puta madre. Aquello era como una película de acción. Estaba cruzando una de las fronteras más calientes del planeta y no me cansaba de observar todos los detalles y de hablar con unos y con otros. Situaciones así he vivido en la mayor parte de pasos fronterizos. Retrasos y trámites absurdos e incomprensibles que hay que vivir con buen humor.

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Categorías: Manual de Aventura | 4 comentarios

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4 pensamientos en “Manual de aventura que nadie se atrevió a escribir. El miedo, modo de empleo.

  1. Te seguiré leyendo. Me ha encantado el post.

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  2. Gracias Miquel! Te comprendo, te entiendo y, sobretodo, te leo entre líneas. Cosas que no aparecen en el texto pero que entiendo a las mil maravillas. Vivo una vida que algunos califican de “loca”, yo digo que es una “locura cuerda”. Te disfrute ese texto, ahora desde el otro lado del charco donde las cosas son pura “candela”, pero a la vez he vivido experiencias que jamás hubiera soñado!
    Primero fue en furgoneta, luego en bicicleta, también el autostop, también el autostop con bicicleta, también mil vainas más en los escasos 40 y tantos países vividos (y digo en mayúsculas NO VISITADOS)… Ahora, viviendo una experiencia sublime a los mandos de una jabata Suzuki que me guía y acompaña… y seguro que con nuestra ACTITUD un largo etcétera por vivir, pero, sobretodo, por DISFRUTAR.
    Vivir disfrutando, pero en primera línea GOZANDO.
    Goza y disfruta de tus aventuras…. como yo espero seguir disfrutando de mi santa locura cuerda.
    Abrazos para ti y los tuy@s!!!!

    PS: Hoy fue un día rudo, más leerte me provoco una sonrisa con la que debuto en un post (o en la web), sin esperarlo. Gracias hermano y buena vibra!
    Javier

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  3. muy buen post…. excelente…. tambien el video, creo que en cierta forma has encontrado utilidad a la camara, como queriendo dejar constancia de donde estas y con quien, nunca se sabe donde terminan esas imagenes y quien podrian inculpar, aunque poca ayuda serian para un cadaver….. pero bueno, al momento vas muy bien!!!! no? un abrazo argentino, te seguimos desde hace un tiempo, eres todo un personaje en nuestra casa!!!! abrazo!!!!

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  4. Lo que has dicho sobre la actitud y la aptitud es aplicable a cualquier problema de los que nos surgen en la vida cotidiana, el trabajo, con la familia, o cualquier trámite ante el operario X de turno o el funcionaro Y… eso si, en Israel, con tanto fusil de por medio no habría muchos capaces de soportar “el miedo” a que esos descerebrados le soltasen a uno un tiro por sacar sú peligrosa “reflex”!!!

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