En moto por el Eje del Mal. Lo que viví en Irak


arbil peshmerga

El pescado se sirve entero en enormes bandejas. Está cocinado al horno con gran cantidad de verduras, arroz y acompañado de pan. La verdad es que está delicioso, aunque abunda sobremanera en espinas. Es el problema de los pescados de río, demasiado espinosos para mi gusto. Pero por educación y también por verdadera hambre me zampo dos enormes porciones. Acabo harto y entonces tomamos té. El té negro omnipresente que se toma en todo Oriente Medio en pequeños vasitos. Yo lo tomo siempre sin azúcar, pero ellos le echan cucharadas soperas colmadas. Y así se pasan todo el día, bebiendo té de la mañana a la noche sin que parezcan esforzarse mucho en nada porque tampoco hay mucho en lo que esforzarse. Las prisas nos las hemos inventado en Occidente. Lo mismo que el complejo de culpa por no ocuparnos a todas horas en hacer algo de provecho y constructivo, cosas todas que resultan incomprensibles en Zakho, Kurdistán Iraquí.

Al atardecer, Jan se pone su gorra de beisbol al revés, unas gafas de sol que le he regalado y me dice que nos vamos.

—¿Dónde?—pregunto un poco perezoso, todavía ahíto del atracón de pescado.
—A una antigua iglesia de nuestra Fe. Está a poco más de 20 kilómetros hacia el oeste, sobre el río

Se refiere al Tigris. Solo recordar el nombre del bíblico río me conmueve y me vuelve a pasar lo que en tantas ocasiones en mis viajes, que metido en la cotidianeidad de un nuevo escenario me habitúo a él hasta que de pronto caígo otra vez en donde me hallo y lo que estoy haciendo y me digo sorprendido “eh, tú, que estás en Irak, en la antigua Mesopotamia, a orillas de un río que aparece mencionado en la Biblia, y te van a llevar a una iglesia nueva de rito caldeo a visitar una capilla subterránea. ¡Date cuenta de todo lo que estás viviendo!”

Pensar en esto me anima. Alegre de nuevo, arranco la moto, donde se encarama mi amigo Jan con su gorra al revés y sus gafas de sol oscuras. Salimos de su casa, del barrio y de Zakho causando auténtica impresión en los cientos de viandantes y conductores que nos cruzamos. Todos nos miran con genuino asombro. Es comprensible. Aquí llamo la atención. No se ven muchas BMW. En realidad no se ven motos. El vehículo estrella es el Toyota Landcruiser, un coche carísimo. El país post Saddam está importando todos los objetos de lujo que puede meter por sus escasas fronteras abiertas. De hecho, la única frontera abierta con Occidente es la que yo he cruzado hace dos días y que estaba saturada de camiones. El paso de Silopi es el cuello de botella por donde entran las mercancías de Occidente. Las fronteras abiertas con Siria son territorio de la Insurgencia y por las de Irán no pueden entrar productos europeos ni estadounidenses debido al embargo.

Nada más abandonar el pueblo aparece un puesto de control con hombres armados. Nos dieron el alto pero a los dos minutos de estar allí comprendo que poco debo temer de estos controles. Los soldados que nos salen al paso son aldeanos con uniforme y sin instrucción, gente del lugar que se sienta en una garita lo mismo que en una cabaña de pastores. A verlas venir, a comer su pan, su arroz, sus huevos y a tomar té. Los peshmergas de verdad deben estar más cerca del sector árabe, donde todavía se libran combates contra los insurgentes.

Salvo estos controles no encontramos más rastros de la reciente guerra ni de los americanos salvo el asfalto deformado. El tráfico pesado ha abierto surcos en la carretera, surcos profundos y peligrosos; el calor del verano y el paso incesante de los convoyes militares y de aprovisionamiento al ejército invasor ha dibujado un oleaje de alquitrán en el firme. Este rastro sí resulta indeleble. Es como la huella de un fantasma. Ellos se habían ido, pero quedaban sus surcos en el asfalto. Comprendo ahora la tremenda impresión que a una gente tan primitiva y tradicional como los kurdos les ha causado la tropa estadounidense con sus chicles, sus hamburguesas y su sueño americano portátil. Y por su puesto su forma arrogante y desconsiderada de comportarse.

Jan es victima de esa impresión. Desde que lo contrataron como intérprete y tuvo cerca al dios yanqui, no acepta el horizonte que le ofrece su país. Habla un ingles de horrible factura gramatical pero con un acento de serie televisiva. Usa una gorra de béisbol puesta hacia atrás y alucinó en colores cuando le regalé un par de gafas de sol que llevo de repuesto. Es solo un niño asombrado que quiere convencerme de que es un gran hombre.

Llegamos al templo caldeo, una rama de la Iglesia Católica Asiria. El templo es pequeño, moderno y feo, pero me conmueve contemplar la gran cruz al atardecer sobre el horizonte enfurecido de rojo. Recuerdo como retorné a la Fe Cristiana en mi viaje a Asia Central en 2008 y desde entonces la he mantenido viva con más corazón que cerebro. No sé de teología, ni tengo formación religiosa, no entiendo el dogma y ni siquiera lo conozco bien, pero creo. Creo en algo. Y por educación y cultura, y porque sé que existió y era un buen tío que ha dejado una huella imborrable en la Historia, a ese algo yo lo llamo Cristo. Tú llámalo como quieras, que no me va a importar.

Abandonamos el recinto religioso al anchecer. Se hace peligroso conducir a oscuras pero la ruta la decide Jan. Nos dirigimos a casa de su novia. O al menos eso me dice. Pero me doy cuenta de que no vamos en dirección al pueblo. Dejamos la carretera y nos metemos por un sendero sin asfaltar. La pista desciende dos centenares de metros y surge un llano ante nosotros. Pero hay algo más. Contra la oscuridad se recorta la silueta de unas edificaciones bajas que parecen todas iguales entre sí. Hay hombres armados en la entrada y un cable tendido para impedir el paso de vehículos . Es un campo de refugiados. Son miles de cristianos kurdos evacuados de Bagdag.

Aparco la moto y vamos caminando hasta una de estos barracones prefabricados. Es el de la familia de su novia. Pero familia es un concepto amplio en Oriente Medio. Aquí viven padres, hijos, primos, tíos y sobrinos. Nos descalzamos para entrar. La morada es humilde pero limpia y ordenada. El salón tiene un sofá y un sillón de orejas, una mesa y un aparador con televisión. Sus futuros suegros me dan la bienvenida con solemnidad. Vengo del exterior, y eso sí es una novedad. El patriarca de esta familia se sienta en su sillón y me invita a que yo lo haga en el sofá. No habla inglés pero Jan traduce. Me cuenta que era taxista en Bagdag, que no eran ricos pero que vivían bien. Tenían una casa, un coche y un modo de vida. Cuando acabó la guerra los empezaron a matar por ser cristianos. Indiscriminadamente. Secuestros, violaciones, torturas, asesinatos. Y ellos no salen en las televisiones de Occidente. Los iraquíes muertos por otros iraquíes no son noticia. Hay un éxodo masivo de cristianos kurdos hacia el Kurdistán, añade, sin embargo, en el Kurdistán no hay sitio para todos. Ellos han tenido suerte. Obtuvieron esta casa. Pero lo dejaron todo atrás. No tienen nada y no hacen nada, solo esperar. ¿El qué?, pregunto yo. No lo sabe. Pero esperan.

Durante el año 2009 realicé un viaje en solitario por Turquía, Irak, Irán, Siria, Jordania, Líbano, Egipto, Libia y Túnez. Fue justo antes del estallido de lo que los medios llamaron Primavera Árabe y que en realidad no fue más que el comienzo de los desordenes y la violencia que no ha mejorado las cosas. Mi diario de aquellos días recoge fielmente el retrato de las personas que encontré y de los momentos allí vividos, que serán los protagonistas de mi próximo libro: En moto por el Eje del Mal. Porque montar en moto es solo el modo que he utilizado para conocer el mundo.

Anuncios
Categorías: situaciones | Etiquetas: | 1 comentario

Navegador de artículos

Un pensamiento en “En moto por el Eje del Mal. Lo que viví en Irak

  1. Aveces uno piensa que por el hecho de haber entrado en el siglo 21 somos mas modernos y menos violentos. Sus viajes nos ilustran sobre la realidad del mundo. Gente buena queriendo vivir tranquila, amables, decentes, buenos y una minoria ambiciosa que desestabiliza destruye y que utiliza los medios de comunicacion para crear una imagen diferente de la real.Muchos pensabamos que Irak habia quedado estabilizado, mejorado, agradecido. Pero de viva mano vemos por su relato, que lo que informan los medios es algo muy diferente.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: