El vídeo anestesió la escritura, pero la escritura se venga al final


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Cuando comencé a publicar mis primeros viajes en moto en las revistas especializadas, mi padre terminó de leer uno de aquellos reportajes ruteros en los que mezclaba kilómetros de desierto africano con Diógenes de Sínope, citas de Borges con reflexiones existenciales y observaciones antropológicas con metáforas y me dijo “creo que eres demasiado culto para el público al que te diriges”. Me sorprendió el comentario, puesto que mi padre es motorista y una persona muy culta y para mí ambas cualidades nunca han sido incompatibles. Además, yo no escribo para los demás, sino para mí. Lo que quiero expresar, lo expreso, y lo hago de la manera en que me sale natural. No creo en otra forma de hacerlo.

De modo que insistí en mi propio camino. Y funcionó. Mis reportajes de viaje son por eso diferentes a lo que se suele publicar en revistas de motos porque suelen tener bastante más fondo que la pura cuenta de los kilómetros, pero también a lo que se publica en revistas de viajes y en periódicos generalistas porque hay más moto y más aventura real que en los artículos escritos desde el hotel, pero todos estos medios he publicado mis historias, y se han leído, demostrando así que los nichos de mercado están más en la estrechura mental de los editores que en los lectores.

Y publiqué Un millón de piedras, que es un libro de viajes en moto con mucho más contenido que una moto. No voy a extenderme en ello. El que lo ha leído sabe lo que quiero decir. Supongo que por eso se ha convertido en la referencia. En un arranque de ebria sinceridad el autor de otro relato de viajes en moto por África me confesó que cada vez que intentaba vender su librito le decían “¿pero es como Un millón de piedras?”. Eso le desesperaba, sin comprender que precisamente porque Un millón de piedras tuvo éxito es por lo que a su texto se le daba una oportunidad. Pero eso no es nuevo. Mi trabajo ha ampliado el círculo de interesados en los viajes de aventura en moto y eso resulta en beneficio de todos los que hacen estos viajes, pero los celos por lo que yo he conseguido les impiden darse cuenta de ello. Miopía de la envidia puede llamarse el fenómeno.

Escribir, dejarse uno mismo en el papel, esa es la real esencia de todo este empeño mío. Y tanto Un millón de piedras como La emoción del nómada me demuestran que el empeño vale la pena. Pero vivo en el mundo y no soy precisamente tonto ni ingenuo. Un día descubrí que ante la cámara yo funcionaba. Se llama tener registros. Y esto deberían saberlo todos aquellos que intentan el videoselfie y que por más que lo intentan quedan siempre planos o incompletos. No basta con estirar la mano y filmarse. Hay que llenar la pantalla. Y para eso es necesario tener más de un registro. O sea, no se puede ser siempre gracioso, o grave, o serio, o emotivo; no se puede mostrar siempre la misma expresión. Hay que serlo todo, expresarlo todo y hacerlo de forma creíble. Y para eso o se es un gran actor de escuela inglesa o se es de verdad. Y yo puedo asegurar que no soy un actor.

Pero el vídeo es en mi íntima opinión puro espectáculo, una mera superficialidad que sin embargo resulta rentable. Leer cuesta esfuerzo, no es para todo el mundo, de hecho es para una minoría. Pero el vídeo es para la mayoría porque cuesta poco darle a un click y ver paisajes y divertirse con un tipo excesivo que hace cosas extrañas y al mismo tiempo se emociona o te cuenta un dato histórico interesante. Así que después de haber recorrido 60 países durante 4 años y escribir decenas de artículos en los periódicos serios, decidí que yo iba a ser popular y a intentar vivir un tiempo de esto; de modo que me di una vuelta al mundo y la filmé en vídeo y creo que de todos los intentos similares, la REO ha sido el único proyecto motoviajero Youtubero que ha conseguido saltar a la televisión y convertirse en una apuesta empresarial exitosa hasta el punto que hoy puedo pagar el viaje de todo un equipo de producción televisiva por Sudamérica y producir un documental. El hecho objetivo es tan incontestable que da rubor intelectual solo el tener que mencionarlo.

Pero eso ha tenido un costo terrible. Volcarme en el vídeo y la producción audiovisual me ha convertido en personaje facebookero, donde medran algunos tullidos emocionales graves, pero sobre todo me ha hurtado el tiempo y la dedicación para la escritura. Es un coste asumido, por supuesto. Lo tenía claro desde el principio. Estaba justificado porque sabia lo que estaba haciendo. La literatura real necesita de lectores, de lo contrario es puro onanismo. No importa que sean una minoría, de hecho es preferible ser leído por una minoría. Pero la minoría, en cuanto grupo humano debe existir constituido por más de uno y su propia familia. O sea, que hay que tener un puñado de buenos lectores con criterio. Y a los lectores hoy en día solo se les alcanza teniendo difusión. Y la difusión solo se alcanza saliendo en un aparato maléfico llamado televisor. Y en eso ha consistido todo. Y por eso Diario de un Nómada es mi despedida de los viajes on line y de los puñeteros vídeos. Porque ahora que se ha conseguido el objetivo, ahora que tengo algunos buenos lectores y ahora que conocen mi nombre en las librerías, es el momento de escribir de verdad.

O sea, el momento de la verdad.

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Categorías: Uncategorized | 1 comentario

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Un pensamiento en “El vídeo anestesió la escritura, pero la escritura se venga al final

  1. Eres un artista MIquel.

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