Confesiones de un adiós


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El 15 de abril del 2008 me concedieron la excedencia como registrador de la propiedad y ese mismo día tomaba un barco rumbo a Italia para comenzar mi primer viaje en moto fuera de mi país. Ese viaje a la Toscana se publicó en El País en junio de aquel año. Luego me fui a Irlanda y después a Estados Unidos y más tarde a África, y todos esos viajes se publicaron en la prensa generalista como El País, ABC y La Nueva España. Desde el mismo comienzo de mis aventuras nómadas supe que haría dos cosas: viajar en moto y escribir sobre ello. La moto porque siempre tuve una desde que era niño y la veía con la naturalidad del objeto cotidiano, si me iba de España, me iba con mi moto. Y la escritura porque yo era ya entonces un escritor con obra publicada y si dejaba un trabajo tan confortable era precisamente porque quería recuperar el hambre del escritor.

Entre 2008 y 2010 publiqué más de 20 reportajes en periódicos y revistas sobre los viajes más extremos: África, Asia Central, Irak… Nunca los concebí como artículos para motoristas. De hecho, no escribo para motoristas porque soy un ignorante de cuestiones técnicas y no me gusta la competición, ni el Moto GP ni el Dakar ni nada que suponga intentar correr más que otro. Yo escribía precisamente para la gente a la que no le gusta la moto, para intentar abrirle los ojos a una realidad nueva. La motocicleta es el vehículo a motor más descubierto, el que ofrece el modo más real de viajar, por tus propios medios pero sin coraza. La motocicleta es el balcón desde el que mirar el mundo, nunca el fin último.

Por aquel entonces no conocía a Ted Simon y en España no sabía de nadie que se dedicase a lo que yo estaba haciendo. Luego supe que había algún libro antiguo de pioneros como Manuel Maristany o Guillén y Veciana, y el de Luis Oromí, Safari Salama, sobre un gran viaje por África de Ciudad del Cabo a El Cairo; un viaje muy parecido al que había terminado recientemente y cuyo diario estaba transcribiendo en la soledad de mi escritorio.

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Y entonces yo publiqué Un millón de piedras. Y las cosas empezaron a cambiar. Descubrí Internet o Internet me descubrió a mí. El libro empezó a venderse sin que yo supiera como ni quién lo compraba. Simplemente se comentaba en los foros y unos lo recomendaban y otros lo criticaban. Y se agotó la primera edición. Y luego una segunda. Y cuando se terminó la tercera y eso suponía que había tenido más de 3000 lectores, decidí sacar una cuarta y comenzar una vuelta al mundo a la que llamé Ruta Exploradores Olvidados.

Y la conté en internet y en vídeo. Y todo cambió de nuevo. Había otros viajeros que usaron la red antes que yo y que se manejaban mucho mejor por experiencia y conocimientos, pero tras algunos titubeos en cuanto al formato y al modo de posicionarme ante la cámara, decidí tomar el control de mi aventura, sacar mi parte más gamberra y así nació Big Monkey en una selva de Malasia y el fenómeno empezó a propagarse por la red hasta el punto de que mi canal de Youtube superó en poco más de un año el millón de reproducciones.

Y al regresar de mi vuelta al mundo llegaron las entrevistas, los patrocinios, las conferencias, las colaboraciones en RTVE y los nuevos proyectos de viaje: Ruta Embajada Samarkanda, Operación Sahara, Old Spanish Trail, cada uno de ellos contado en varias televisiones, con seguimiento de EFE, cada vez con más presencia en RRSS, con seguidores y detractores, y cada detractor me traía más seguidores… un análisis de las estadísticas de Youtube me indicaba que recibía muchas más visitas de los foros donde me atacaban que de donde no lo hacían. Todo servía para crecer. Los demás viajeros se miraban en mi espejo y calcaban hasta los gestos. El silencio de algunos era tan estruendoso que hacía aumentar el ruido. En suma, ruido, mucho ruido a mi alrededor. Y cada vez más gente y todos con algo que buscar y yo cada vez más exhausto y con menos tiempo para mí en esta vorágine de viajar para los demás. Halagado, vilipendiado, consumido, deglutido, digerido…

La emoción del nómada - Cubierta

Todo se justificaba porque me divertía y porque quería ver en qué paraba toda esta locura.¿Hasta donde puede llegar un tipo que con 40 años deja la corbata y agarra la moto? No había cálculo, marketing o plan secreto. Me dije lo mismo que cuando empecé a filmar mis primeros vídeos. “Sé tú, si algo no te gusta dilo, y si alguien te parece gilipollas, házselo saber. Solo siendo real vale la pena hacer esto”. Y eso hice. Y mientras tanto, yo sacaba más libros. Europa Lowcost, sobre mi viaje por el viejo continente usando solo los fines de semana, estrategia que utilicé para seguir viajando mientras regresaba brevemente al despacho a fin de ahorrar el dinero para la vuelta al mundo; La Fuga del Náufrago, sobre el Capitán Francisco de Cuéllar, superviviente de la Armada Invencible en Irlanda, y más recientemente el que considero mi mejor título: La emoción del nómada, donde narro un viaje por Asia Central y Oriente Medio realizado en 2009 sin patrocinios ni youtube pero que me convirtió en lo que soy ahora, o mejor dicho, en lo que era hasta hace muy poco.

Dije hace tiempo que este viaje por Sudamérica era una despedida. No como escritor, no como motorista, no como viajero, pero sí como nómada profesional on line. No necesito mantener el show permanente para vivir. Nunca he hecho esto por dinero, solo porque me divertía y suponía un reto. He conseguido todo lo que pretendía. He escrito cuatro buenos libros de viajes y aún me queda el de la vuelta al mundo; he recuperado toda mi inversión económica, he llegado solo y sin padrinos a los mejores medios y a colaborar en RTVE y ahora viajo con un equipo profesional a mis órdenes para producir un documental que yo dirijo con el dinero que han puesto otros confiando en mi talento. No hay nada más por lograr. ¿Una segunda temporada? ¿Más medios? ¿Mejor producción para hacer una vuelta al mundo otra vez? Eso ya no me interesa. Sería repetir. Yo quería cerrar un círculo y acabarlo en Sudamérica.

Solo espero terminar bien este proyecto, divertirme al máximo en este viaje, realizar el primer documental de aventura en moto para la televisión española y estar orgulloso del trabajo realizado.

Lo que vendrá después todavía está por diseñar. Lo primero será cuidar mi círculo íntimo y personal, vivir ya para mí y los que estén cerca mío, y en lo profesional, es seguro que de algún modo permaneceré vinculado a la motocicleta, a los viajes, a literatura y la producción audiovisual, pero la primera línea quedará para los que tengan hambre de reconocimiento. Yo ya he consumido mi pedazo de tarta y tampoco es para dejarse la vida en ello.

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Categorías: Uncategorized | 4 comentarios

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4 pensamientos en “Confesiones de un adiós

  1. Pingback: Anónimo

  2. Se vive, se sueña, se lucha, se consigue… pero sobre todo se deja huella!!! un camino trazado que sirve de fuente de motivación e inspiración para todos aquellos que un día dejaremos el tedio de la formalidad en las oficinas, envueltos en medio de un mar de ocupaciones que no somos nosotros mismos ni nuestros sueños… a estos, a nosotros, personas como usted nos motivan cada día a perseguir grano a grano y piedra a piedra nuestro propósito sobre este planeta: encontrarnos con nosotros mismos abordo de una motocicleta!!!

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  3. Si señor, espero verte y conocerte en Formigal.

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  4. Pingback: Cruce de caminos | www.mundoenmoto.com

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