Operación Sahara. Al Aaiun, desdén en el oasis


duna

La ciudad de Al Aaiun surge en mitad de la nada como lo que siempre fue: un oasis. El centro urbano está al otro lado del puente que cruza el río. Pero para llegar hasta él hay que cruzar también una serie de controles de la gendarmería que piden todos los documentos posibles: pasaporte, seguro, permiso de circulación y la ficha, que no es sino un papel donde el viajero extranjero ha de escribir sus datos y los del vehículo, profesión, lugar de origen y destino. Conviene hacer de esta ficha más de veinte copias porque los controles son una constante en el Sahara Occidental. No son hostiles, solo pelmas.

Normalmente los gendarmes reales en esta región son amables y educados y solo cumplen con su trabajo. Todo el Sahara es territorio militarizado. Marruecos mantiene 350.000 hombres en el desierto y al pasear por Al Aaiun la impresión que uno tiene es que al menos la mitad están acuartelados aquí. Hay miles de uniformados. Hay también una población foránea que circula en grandes 4×4 de color blanco con unas letras azules pintadas en las portezuelas. En ellas se puede leer ONU. Son los cascos azules de la Minurso, la misión de Naciones Unidas encargada de velar por el alto el fuego entre el Frente Polisario y el Ejército Marroquí.

mercado al ayun
Su presencia provisional se ha convertido en permanente, el referéndum de autodeterminación probablemente no se celebre nunca, pero al menos los uniformados de la ONU sí han causado un efecto tangible en la vida cotidiana de Al Aaiun: han hecho subir las tarifas de los hoteles. Ellos cobran buenos sueldos en dólares y para ellos no hay precio caro. En cualquier establecimiento medio decente, como el viejo parador español o no hay habitación o cuestan más de cien euros la noche. Así que no me queda más remedio que alojarme en uno bastante cutre y viejo, de ventanas combadas y con ascensores tenebrosos fabricados en Barcelona según reza una placa en su interior. El edificio fue construido a principios de los 70 y desde entonces resulta evidente que no ha experimentado ninguna mejora o reforma.

iglesia al ayun 2

La pequeña ciudad de 20.000 personas en tiempos de la colonia se ha convertido en urbe de más de 200.000, la mayoría colonos o militares marroquíes que han dejado en minoría a los saharauis. Las nuevas edificaciones se despliegan a lo largo y ancho de tres terrazas superpuestas. Solo la primera y más baja de ellas estuvo ocupada por la población española. Al Aaiun fue una capital de provincia española hasta un año tan cercano en el tiempo como 1976, cuando se abandonó a Marruecos al firmar el acuerdo tripartito de Madrid en 1975 como consecuencia de la Marcha Verde.

1º casa al ayun

Las nuevas autoridades se han esforzado por diluir todo recuerdo colonial. Pero no todo se puede borrar como una raya en la arena. Según los acuerdos suscritos, el Estado Español mantiene la propiedad de una serie de edificios, algo que no sucede, por ejemplo, en Dakhla, antigua Villa Cisneros, ya que el sur del Sahara fue ocupado inicialmente por los mauritanos y cuando estos se retiraron, los marroquíes ocuparon el territorio sin reconocer ninguna propiedad española. Sin embargo, en Al Aaiun queda la iglesia de San Francisco, abierta al culto, el Centro Cultural español y la Casa de España, antigua residencia de oficiales y que hoy es la única oficina de representación extranjera abierta en el Sahara. Oficina de representación, que no legación diplomática.

La diferencia es sustancial. La Casa de España es la sede de la depositaría de bienes del Estado, que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores, y a su cargo está un amable funcionario vasco: don Carlos Ismael Bengoechea. Pero al no ser legación diplomática, el inmueble es propiedad del Estado Español pero no tiene soberanía sobre él; por eso la antecesora de don Carlos en tiempos del ministro Moratinos no pudo impedir la entrada por la fuerza de la policía marroquí para detener al saharaui Hamad Hamad que pedía asilo político.

Don Carlos nos recibió muy amablemente y tuvo la deferencia de llevarnos en su propio coche a recorrer Al Aaiun mientras nos explicaba su breve historia. La ciudad fue fundada en 1938 en la margen izquierda del Saguia el Hamra por dos oficiales españoles que exploraban el Sahara, el comandante Galo Bullón y el teniente coronel Antonio de Oro Pulido, que había participado como capitán en la toma de Sidi Ifni. Nuestro cicerone pone particular énfasis en el retrato de estos hombres como genuinos aventureros del desierto, que sabían árabe y el dialecto de los saharauis, que habían convivido años con ellos, que aprendieron a montar a camello, que en definitiva se sentían auténticos nómadas.

casas al ayun

Recorrimos la calle de la Marina, el mercado de abastos, los almacenes con tejados ondulados que semejaban dunas, las casas semiesféricas que se diseñaron para simular campamentos y atraer a los saharauis a la vida sedentaria; vimos como la especulación inmobiliaria se comía lo que pudiera ser considerado monumento urbano. Mientras contemplábamos lo ajado de esta herencia, lo polvoriento del legado español en Al Aaiun, llegamos hasta la primera casa fuerte levantada por Antonio de Oro Pulido a la vera del oasis. Bajé del coche y me acerqué a aquel pedazo de historia española enclavado en el desierto. Poco más que un cobertizo de adobe, lo rodeaba una inmensa cantidad de basura, auténtico cáncer del planeta.

casa antonio del oro

La casa estaba en ruinas y abandonada. Sentí un latigazo de tristeza. Ya había contemplado este desdén antes, como cuando alcancé en Etiopía los restos del palacio catedral donde está enterrado Pedro Páez, el jesuita madrileño que descubriera las fuentes del Nilo Azul. Pero si bien aquello era imputable a la ignorancia pues casi nadie conoce la historia misionera portuguesa en Etiopia de la que participó Páez, lo que yo veía en Al Aaiun era pura desidia. El Estado Español es responsable de los bienes en la que fuera capital de provincia española. El sueño africano de Antonio de Oro Pulido a orillas de un oasis estaba convertido en un estercolero por desdén, indiferencia y quizá hasta algo de vergüenza y complejos. Me vinieron a la memoria aquellos tristísimos versos de Antonio Machado, los que solo pudo escribir alguien a quien le dolía su patria tanto como la amaba.

Castilla miserable,
ayer dominadora
envuelta en sus andrajos
desprecia cuanto ignora

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