Confesiones de un nómada. Extracto del nuevo libro.


La emoción del nómada - Cubierta

En septiembre de este año presentaré un nuevo libro durante el evento BMW Riders que se celebrará en Formigal en el primer fin de semana del mes. Se titulará La emoción del nómada. El título no es casual. Se trata de una confesión y un desnudo emocional. El viaje narrado es un largo periplo realizado en 2009 que me llevó en una primera parte por el mismo itinerario que acabo de terminar en mi Ruta Embajada a Samarkanda. Fue entonces cuando descubrí la dureza de Asia Central, la extrema dificultad de Kazakhstan, el atractivo de la historia de Rui González de Clavijo y la belleza sin par de las ciudades de la Ruta de la Seda. Pero sobre todo descubrí quien era yo en realidad y qué esperaba que fuera mi vida en el futuro. Por eso la segunda parte del viaje me llevó a Oriente Medio. Crucé Siria, Jordania, Líbano e Israel para conocer Tierra Santa y entrar en sus templos y buscar un confesor en la Iglesia de la Natividad en los Territorios Palestinos. Más que un libro de aventuras, que lo es, es el diario íntimo de un tipo que se va descubriendo a sí mismo. Más sincero todavía que Un millón de piedras, en La emoción del nómada trato de explicar cómo y por qué me convertido en lo que soy ahora, en el proceso personal que lleva a un profesional jurídico de éxito con reloj suizo y coche deportivo a devenir en aventurero profesional sin domicilio ni posesiones.

Muchos habéis leído Un millón de piedras y queréis más literatura de aventura para divertiros y pensar; otros muchos envidian mi estatus actual y les gustaría saber cómo diablos se consigue, aunque algunas veces lo hacen fijándose solo en el brillo de internet sin pensar en lo que se tiene que sacrificar para conseguirlo. Sea cual sea tu razón, iré colgando en mi blog algunos párrafos sueltos del libro para que puedas hacerte una idea aproximada de lo que contiene. Si te interesa adquirir La emoción del nómada en cuanto salga y que te llegue a casa libre de gastos envío, reserva tu ejemplar en miquelsilvestre@camisetaslugo.com

 

“En abril del 2008 pedí la excedencia como registrador de la propiedad para escribir una novela. Calculé que con lo que había ahorrado durante mis cinco años de ejercicio sin haberme casado ni metido en mil deudas, podría malvivir viviendo durante el año y medio que tendría que estar sin trabajar. Mi propósito era simple: irme a Irlanda, estudiar inglés y encerrarme delante de un ordenador con mi taza de té por las tardes y mis pintas de guinness por las noches. Así imaginaría un enrevesado argumento literario. Yo, que había escrito ya cuatro novelas, buscaba una ficción que me reconciliase con la Literatura. Sin embargo, antes me iría a la Toscana para unas cortas vacaciones. Ese iba a ser mi primer viaje al extranjero en motocicleta. ¿Por qué a la Toscana y no a ningún otro sitio de los muchos que hay en el mundo? Pues porque había visto una entrevista de Josep Pla para Televisión Española en la que aseguraba que de todos los lugares que había visitado, la Toscana era el que más le había gustado, el que más merecía ser salvado. Y si el gran sabio a quien yo admiraba profundamente decía eso, entonces es que aquel lugar debía valer la pena. Y allí me fui con las maletas a rebosar de cosas que no utilizaría. Y también miedo en el pecho. Sí, miedo. Puede resultar paradójico que alguien que hoy escribe estas notas en Irak sintiera miedo a viajar a Italia, pero así era. En el ferry que me llevaba a Civitaveccia yo pensaba en lo que me podía pasar. No conozco a nadie, ¿Y si me roban? ¿Y si me atracan? ¿Y si tengo un accidente?

Toscana 1 234

Pasé en Italia quince días deliciosos sin ninguna prisa. Comía donde y cuando me apetecía. Recorría en moto los cascos antiguos de las ciudades medievales con total libertad mientras los turistas ordinarios debían aparcar sus coches a kilómetros de distancia. Me perdía por los caminos más estrechos, por las callejuelas y plazoletas. Paraba en el lugar que se me antojase. Y miraba. Miraba el mundo, las gentes, los paisajes. Y escribía. Escribía sentado en una terraza con una copa de vino o un café. Levantaba la cabeza, miraba la gente pasar, y escribía. Ya no escribía más estupideces jurídicas para periódicos salmón. Escribía notas en mi libreta para un reportaje que posteriormente me publicaría El Viajero de El País con el título de “Un motero en la Toscana”. Ese fue mi primer reportaje de viajes. Me hizo muchísima ilusión verlo publicado aunque ahora veo con claridad que no es ni de lejos el mejor de los muchos que he escrito. Pero en ese momento fue determinante para descubrir que aquello me gustaba. Me gustaba viajar en moto, escribir del viaje y verlo publicado en un periódico. Pensé que mientras aparecía la gran idea para mi novela, podría practicar con esta clase de textos.”

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