Kazakhstan, universo onírico


you ape welcome miquel en moto

Esto es lo más parecido a soñar. Enfrentarme a esta infinita, ardiente y blanquecina lengua de roca viva llena de cráteres se me antoja irreal, un escenario onírico, nada que pueda existir en el mundo que tú y yo compartimos. Podría decir que es como una pesadilla de la que no se puede despertar porque ya estás despierto, dolorosamente despierto, angustiosamente despierto. Pero sería injusto e inadecuado calificar de pesadilla lo que estoy viviendo porque he venido a Kazakhastan voluntariamente. Nadie me ha obligado a venir, a recorrer este atroz desierto de polvo y roca más que mis absurdos sueños de aventura. Si ahora dijera que esto es una pesadilla, algo tan horrible y duro como para desear despertar en otro lugar, estaría reconociendo que o bien soy un imbécil o bien que no sé lo que estoy haciendo. Y no tengo siquiera esa posibilidad porque es la segunda vez en mi vida que recorro este infierno y sabía bien a lo que venía: a sumergirme en la irrealidad.

Lo escribo ahora que estoy en Rumania, lejos de Kazakhstan, pero podría haberlo escrito si hubiera tenido oportunidad. Han pasado dos semanas desde que superé los peores tramos y ya me cuesta recordar con nitidez lo sucedido. Normalmente llevo un puntilloso diario que actualizo cada mañana para no olvidar ningún detalle de mis aventuras. Pero desde que salí de Tashkent, capital de Uzbekistán, dejé de escribir. No solo es que estuviera cansado de hacerlo después del intenso viaje on line que había seguido hasta Samarcanda, con videos casi diarios para televisiones y post para blogs, webs, redes sociales y revistas. Es que no tenía tiempo material de escribir porque mis jornadas se alargaron desde el amanecer a la noche y solo se trataba de sobrevivir. Ni siquiera pude cumplir con mi cotidiano rito de salir a correr por las mañanas porque esa hora de carrera me era vital para hacer kilómetros. Intento recordar los acontecimientos de esos días intensos mirando el google map y las pocas fotos que tomé.

moto pista infinita

Salí de Tashkent con ánimo y cubiertas nuevas. Había montado las Karoo 3 de Metzeler, enviadas a Uzbekistán a través de un amigo, Vicente Belles, que había venido a visitarme. Pronto comenzaron las complicaciones porque para llegar a Kazakhstan había varias fronteras posibles, pero según iba llegando a cada una de ellas me devolvían porque no tenían servicio aduanero para la moto. Como una mosca contra una ventana fui repelido hasta en dos ocasiones, en Zhibek Zholy y luego en Zaryagash. Me iban dirigiendo hacia el Oeste. Recorrí 100 kilómetros relativamente bien asfaltados aunque con mucho tráfico hasta Chinaz. Según iba viajando en dirección Occidente ya sabia que tendría que recorrer el mismo camino hacia el Este en Kazakhstan para alcanzar Zaryagash. O sea, mi humor no era bueno precisamente. Se puso peor cuando al llegar a las cercanías de la frontera los policías uzbecos de un puesto de control me pidieron fotocopia del pasaporte y el permiso de circulación.

—No tengo—contesté—, ¿dónde puedo hacer?

—Enfrente hay un puesto de fotocopias—respondió el agente—. Pero no hay electricidad en toda la zona.

Allí no había nada. La última población la había dejado varias decenas de kilómetros atrás. Eso en cristiano significaba que no podía pasar y que la espera podría prolongarse horas. Opté por meterme en el cubil de la policía y sentarme en el suelo, con las piernas estiradas y la espalda apoyada contra la pared. El mensaje que funciona es éste: me da igual. Puedo esperar aquí todo el día, hasta el cambio de turno.

Empezaron a llegar agentes. Tipos rudos, de esos que se rascan continuamente los testículos y mascan palillos y llevan zapatos baratos, sucios de polvo y puntera afilada. Me miraban extrañados. El que estaba de guardia llamó por su teléfono móvil. Consultó con algún superior y me dijo que podía ir hasta la frontera. Cosa que hice con parsimonia. ¿Para que correr, si iba a llevarme horas resolver el papeleo?

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Las fronteras de Asia Central consisten en una nave y una techumbre. Todo viejo, oxidado, plantado en mitad del páramo. Primero hay que superar la del país de salida y luego la del de llegada. La frontera en la lado uzbeco fue lo esperado: lentitud y poca simpatía. El trámite aduanero de la moto llevó un tiempo prolongado. Tuve que esperar bajo un sol abrasador a que el funcionario me entregase los papeles. Luego inmigración. Hay que rellenar un formulario que nadie va a leer. Es idéntico al que hay que rellenar a la entrada. Nadie lo lee. Nadie comprueba que sea veraz, pero lleva un sello y es fundamental no perder ese papel. Cuando accedí a la ventanilla de los policía que hacen el control de pasaportes la cola tras de mí era de unas cinco personas. Cuando abandoné con mi pasaporte la garita, se agolpaban a mi espalda más de cincuenta. El tiempo que tomó la revisión de mis documentos fue realmente absurdo. Los tipos miraban mi pasaporte y luego la pantalla del ordenador y luego me miraban a mí y luego otra vez al pasaporte y a la pantalla. Repasaron varias veces todos los datos. Es como si temieran equivocarse y que yo fuera un espía o peligroso traficante y que los colgaran de los pulgares como castigo por haberme dejado ir.

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En el lazo kazajo lo más relevante fue que el aduanero dormía a pierna suelta en un sofá de su despacho. No me quedaba otra que despertarlo. Lo zarandeé suavemente y nada. Lo zarandeé más enérgicamente y nada. Lo sacudí a mala leche y entonces despertó. Me miró con ojos sorprendidos desde las profundidades de su sueño y negó con la cabeza. No se enteraba de nada. Volví a zarandearle mientras ponía mi pasaporte delante de sus ojos. Entonces reaccionó. Saltó como un resorte, se puso de pie y me pidió disculpas. Nos sentamos y empezamos a rellenar los documentos de importación temporal. Primero lo intentó con los formularios en inglés pero como no los entendía, entonces pasó a los que estaban en ruso, pero entonces no los entendía yo. Total, que nos llevó dos horas obtener el permiso de importación temporal de la BMW.

moto horizonte infinito

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Categorías: Uncategorized | 2 comentarios

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2 pensamientos en “Kazakhstan, universo onírico

  1. “Khorosho!”

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  2. Javier Preysler

    Salgo finales Agosto, Tarifa, (Cadiz ) a Samarcanda ida y vuelta en Moto, me gustaria ponerme en contacto con Miguel Angel,

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