Una secuencia. Fotografiar o filmar. La vida o el circo.


nadadores

Secuencia tomada en un barco filipino. Fotografía contra filmación. Si me atrevo a emprender un proyecto didáctico sobre viajes de aventura como Motonómadas no es porque crea saber mucha técnica, sino porque sé que tengo un instinto particular. Veo cosas. Puede que no le guste a todo el mundo mi forma de mirar, pero es mía, es exclusiva, es original y no copiada.  Y al menos habrá que reconocer que examinando los resultados obtenidos, esa forma mía de mirar y expresarme me ha permitido hacer mis sueños realidad. Por eso creo que puedo transmitir mi experiencia, contar cómo han sucedido las cosas y por qué las he hecho de ese modo y no de otro.

Un ejemplo de esta forma de actuar es esta serie de fotografías. Me encontraba en el barco que me llevaba de Leyte a Luzón. Casi tocaba con la punta de los dedos Manila, mi verdadero objetivo durante la vuelta al mundo Ruta Exploradores Olvidados, pero a esas alturas me encontraba muy cansado. Literalmente exhausto. Tanto que subí a cubierta y me tendí cuan largo soy sobre el duro metal. Me quedé dormido.

 

Desperté atontado y perplejo. Miré mi reloj. Había pasado una hora entera a pierna suelta tendido entre una multitud que iba y venía sin importarme ni la suciedad ni la incomodidad del lecho metálico.Me di cuenta en ese momento de lo lejos que había llegado en mi viaje, y no solo geográficamente. Mi cuerpo y mi espíritu se habían transformado. Se habían endurecido, sí, pero también embrutecido. Ser capaz de dormir en semejante situación significaba que ya estaba hecho de otra pasta, de una pasta similar a la de todos esos tipos desarrapados que he visto durmiendo en la calle en África, India, Nepal o Asia. Ya me da todo igual. Comer con las manos, la mugre, las cucarachas, el agua no potable. Al mismo tiempo, dormir así significaba que estaba muy cansado. Que estoy muy cansado. Que me exijo mucho, quizá demasiado, que cada día es una prueba más a superar conduciendo, escribiendo, haciendo fotos y grabando vídeo.

Haciendo fotos y grabando vídeo. Lo hago con la misma cámara pero nunca he pensado que sea la misma actividad, ni el mismo lenguaje. Cambio con un click el selector de foto o vídeo en la Canon y es como si mi cabeza también cambiase de forma de mirar, enfocar e incluso pensar. Mis fotos intentan contar historias por sí mismas y capturar momentos. Son trascendentes. Al menos eso pretendo. No solo busco la belleza sino el relato. Un relato breve pero completo. El vídeo es otra cosa. Para mí es una broma. Un chiste. Una historieta.

 

saltador

El público, sin lugar a dudas, prefiere el vídeo. Mi canal de Youtube tiene ya más de 500.000 reproducciones mientras que los vídeos con montajes fotográficos, que a mí me parecen impresionantes se ven mucho menos. A la gente le gusta el Big Monkey excesivo de los vídeos. O lo detesta, pero ahí está, mirando sus películas para jalearlo o denostarlo. El vídeo me ha permitido llegar a ser colaborador de TVE, a ser conocido y tener más patrocinios. Pero es la foto lo que importa. Al menos lo que a mí me importa. Del mismo modo que por mucho que pueda atraerme hacer una serie para televisión, son los libros lo que de verdad cuenta. La Literatura y no el circo.

preparados

Desperté en aquel barco y aun somnoliento observé a los chiquillos nadando en el puerto. Sin escolarizar, muy delgados y morenos, fibrosos pero haciéndose adultos demasiado deprisa. Me refiero a esa forma viciosa de adultez. Con apenas 12 años ya fuman como carreteros sin que nadie les reprenda. Los pasajeros les arrojan monedas y ellos bucean para alcanzarlas. Suben por las maromas a las cubiertas superiores ante la indiferencia de la tripulación y se lanzan al agua haciendo cabriolas. Son acróbatas y tienen sangre pirata en sus venas. Pero lo que no tienen es futuro.

listos

Uno de ellos se encaramó en la barandilla de mi cubierta. Se sentó y yo me incorporé muy despacio para no hacer ruido y sobresaltarlo. Supe lo que iba a hacer. Abrí la bolsa de depósito y saqué mi cámara réflex. Cambié el ojo de pez por el 17-85 y entonces tuve que elegir entre filmar y fotografiar porque aquella secuencia no se repetiría jamás. No tenía mucho tiempo pues el muchacho saltaría en segundos. El vídeo resultante sería espectacular y sin duda quedaría muy bien en mis pequeñas películas. La tentación de filmar era fuerte, sin embargo en momentos decisivos importa la vida y no el circo.

El chico se irguió, yo encaré y elegí.

ya

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