El Grupo de Amigos cumple un año de sueños e ilusiones


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Como diría el muñegote de Jesulín, Facebook es como un toro. O sea, es como la vida misma. Esconde lo peor pero también alberga lo mejor. Como el Grupo de Amigos de Miquel Silvestre. Un grupo dinámico y vivo donde se han visto cosas tan asombrosas como una colecta para que uno de sus miembros pudiera comprarse un casco igual al que acababan de robarle o donde otro consiguió encontrar trabajo después de quedarse en paro.

Yo he de decir que ese grupo no es obra mía y ni siquiera he tenido nada que ver en su génesis y gestión. De hecho, en sus inicios estuve expulsado de él porque allí se gestó y organizó mi recibimiento al terminar la vuelta al mundo Ruta Exploradores Olvidados; algo que sucedió en Tres Cantos en septiembre del año pasado y que fue tan asombroso que si no existiera este vídeo, difícilmente podría creerse que eso sucedió en realidad.

Pero sucedió. Y ha sido tan llamativa su evolución y tan formidable su éxito sin pretenderlo, que hace poco un periodista mejicano, Mig San, le pidió a Josebe Datorre, verdadera factótum del grupo, que le contara su historia desde el principio y esto es lo que ella escribió y que yo recojo sin tocar una palabra porque creo que es suficientemente ilustrativo su relato acerca de como nació el grupo.

HISTORIA DEL MURO DE AMIGOS DE MIQUEL SILVESTRE

Para explicar bien, como surgió, hay que dividir la historia en dos muros:

PEGATINAS DE MIQUEL SILVESTRE

AMIGOS DE MIQUEL SILVESTRE

En junio del año pasado, cuando Miquel estaba a punto de concluir la REO en Alaska, Juan Carlos (JC Nokalkorretant) colgó en su muro una foto de su moto con una pegatina que había hecho con el logo de Miquel. Al momento, mucha gente dijo que le gustaría tener una igual.Como sabía de mi estrecha relación con Miquel, se dirigió a mí para proponerme que, si yo encontraba la forma de comercializarlas, él que tenía un plotter, un rollo de vinilo blanco y un enorme corazón (eso es de mi cosecha), imprimiría pegatinas para colaborar económicamente para que Miquel siguiera viajando.

Tras mucho pensar, acepté su oferta y abrí un muro que se llamaba PEGATINAS DE MIQUEL SILVESTRE. Allí pedí colaboración para distribuirlas por España y, ante mi asombro, en menos de una semana más de treinta personas estaban dispuestas a hacerlo. Al ser una iniciativa altruista, por parte de Juan Carlos, las pegatinas se enviaban en depósito y, cuando se habían vendido, los distribuidores (yo siempre les he llamado “mis pegatineros”) ingresaban el dinero a Miquel.

Juan Carlos que, además de un gran corazón, tenía un sentido del humor extraordinario, animaba la venta asomándose por el muro, con una foto del plotter a pleno rendimiento o poniendo cosas como “venga chicos, que me tenéis parado!!!”.

Un día Miquel observa que en su cuenta hay suficiente dinero para viajar a España y publica que lo hará para dar un abrazo a todos los que han colaborado en una iniciativa tan emotiva y generosa. Entonces, de nuevo Juan Carlos, me pide que abra un muro oculto para prepararle un recibimiento, incluyendo a todos los que han vendido las pegatinas. Allí, hace exactamente un año, se empieza dar forma a como sería su llegada. Surgen iniciativas como la de hacer camisetas para que Miquel pueda recuperar el dinero que va a gastar en su viaje y entonces diseño la del Very Good que Luis, de Camisetas Lugo, nos hace a crédito con el compromiso de pagárselas cuando hayamos recaudado suficiente dinero.

El día 3 de Agosto, Juan Carlos y yo nos reunimos para comer y conocernos y, durante doce horas, hablamos del recibimiento, de Miquel, de lo que a él le impulsó a hacer las pegatinas, de los divino, de lo humano… de todo. Cuando nos despedimos, me dijo que al día siguiente, al llegar a su destino, me llamaría para decirme que todo había ido bien. Nunca llegó a su destino, a pocos kilómetros de su pueblo la fatalidad cruzó en su camino un guardarrail que segó su vida, sus ilusiones, sus sueños… y el muro de AMIGOS DE MIQUEL SILVESTRE quedó totalmente huérfano.

Lloré durante días, me planteé cerrar el muro, sonreía cuando le recordaba y, al final, un día decidí pedir, de nuevo, ayuda para cumplir aquella última voluntad de un hombre bueno. Casi la mitad de mis pegatineros dieron un paso al frente poniendo su tiempo, su dinero y su ilusión en aquel nuevo empeño. Aquellos pegatineros, que dieron el paso al frente, son lo que hoy conocemos como “Los chicos del coro”. Cuando ya habíamos dado forma al evento, cada uno de nosotros iba invitando a sus amigos para que fueran difundiendo donde y cuando sería el recibimiento:

Ese mismo día, el muro se abrió para todo el mundo y de las poco más de trescientas personas que lo componíamos entonces se ha convertido en el que hoy tú conoces, el lugar de reunión de todos los Asilvestrados”.

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